TOMEU MAURA
PALMA.- El Govern
balear está dispuesto a tirar la casa por
la ventana para conseguir la sede de la
final de la Copa Davis en el hipotético
caso de que a ella lleguen España y Estados
Unidos el próximo mes de diciembre. La
Federación Española de Tenis, en cambio,
apuesta por Madrid y su Rocódromo, con
capacidad para cerca de 13.000
espectadores, pero Jaume Matas tiene dos
poderosas armas para convencerla de que
cambie de opinión. Primero, la altura de
Madrid; segunda, la seguridad. Mallorca,
sin embargo, cuenta con un lastre que
parece decisivo: el escaso aforo de la
Plaza de Toros.
Madrid es una ciudad
situada a 400 metros sobre el nivel del
mar, detalle que deja de ser una anécdota
si se habla de tenis de alta competición,
porque la altura provoca que la pelota bote
con mayor potencia y el juego sea mucho más
rápido. Por supuesto eso beneficia a los
tenistas de servicio más fuerte, como el
estadounidense Andy Roddick, que acaba de
batir el récord del circuito en velocidad
de saque.
Todo parece indicar que los
jugadores insistirán a la Federación
Española para que se elija una ciudad a
nivel de mar. Y si imponen su criterio,
Mallorca vuelve a tener opciones, porque no
parece lógico que vuelva a llevarse la
final a Barcelona, tal y como sucedió en
2000. Valencia sería, en ese caso, el gran
rival a batir, sobre todo porque Juan
Carlos Ferrero, número uno español, pujaría
fuerte por que la eliminatoria decisiva se
jugara en su tierra.
Ahí entra la
segunda baza que quiere imponer el Govern
de Jaume Matas, la seguridad. Si la final
la disputan España y Estados Unidos se
enfrentarán dos enemigos declarados de la
célula terrorista Al Qaeda, y en la
eliminatoria es segura la presencia no sólo
del presidente del Gobierno, sino también
de la Casa Real. Por supuesto es mucho más
sencillo garantizar la seguridad en una
isla como Mallorca que hacerlo en una
ciudad como Madrid. Puede ser un punto
decisivo en la elección de la Federación,
sobre todo dada la identidad de los dos
finalistas.
Por otro lado, el
principal inconveniente con el que se
encuentra Mallorca para pujar por un
acontecimiento de estas características es
la inexistencia de un recinto capaz de
albergar la final con el aforo mínimo que
pide la Federación, que es de 12.000
espectadores. La Plaza de Toros es un marco
incomparable desde el punto de vista
estético, pero su capacidad es inferior a
las 10.000 personas y además es
descubierta.
El Govern, sin embargo,
no se va a rendir y va a llegar hasta el
final para hacerse con la organización del
que sin duda sería uno de los eventos
deportivos más importantes de la historia.
Para el president Jaume Matas se trata de
una ocasión estratégica por la identidad
del otro finalista, Estados Unidos, un país
con un mercado turístico inmenso dada su
población y, sobre todo, su elevado poder
adquisitivo. Mallorca es un destino casi
desconocido para los estadounidenses, y sin
duda la cobertura televisiva que implica
una final de la Copa Davis serviría como un
vehículo de promoción de incalculable
valor, porque no hay que olvidar que un
ciudadano de la costa Este norteamericana
(Nueva York. Boston, Washington, Miami...)
invierte mucho más tiempo en llegar desde
su zona de residencia a Hawaii que en
cruzar el Atlántico y aterrizar en el
aeropuerto mallorquín de Son Sant Joan.