H.PINTO/ J.ESTRANY
MURO.- A ritmo
de los xeremiers más de 1.500
murers y mureres se dieron
cita ayer en la Ermita de San Vicenç Ferrer
para conmemorar otro año la segunda fiesta
de Pascua y el Pancaritat, aunque en esta
ocasión fueron relativamente pocos los que
participaron en la misa oficiada a las
11.00 horas.
La mayor parte de las
familias bajaron hasta la ermita pasado el
mediodía, algunos alcanzaron incluso a
escuchar la parte final de la misa del
párroco de Muro, y posteriormente
participaron en la multitudinaria comida
organizada por el Ayuntamiento, que aportó
el arroz y las ensaimadas para la
elaboración de los cientos de paellas que
se consumieron.
Las familias
disfrutaron de la buena comida y la
compañía, en una soleada tarde donde se
mezcló lo litúrgico con el ocio. Se
programaron numerosas actividades para los
más pequeños. Entre ellas juegos
infantiles, castillo de aire, mientras que
otros se dedicaron a jugar con pistolas de
agua aportando la nota primaveral a una
jornada que sin ser calurosa sí mejoró la
inestabilidad dominante a lo largo de la
Semana Santa.
La fiesta se prolongó
hasta la tarde con el ball de jotes
y boleros a cargo de la Escola de Música
Tradicional Murera y con música y baile de
la mano de la orquesta Cocktail.
Por
su parte gran parte de los vecinos de
Mancor de la Vall cumplieron su cita anual
con su patrona local y 'peregrinaron' al
Oratorio de Santa Llúcia. Casi un centenar
de personas se congregaron a las 10.00
horas a las puertas de la parroquia para
acompañar a las mujeres, que, como ya es
tradición, portaron a la virgen hasta el
oratorio después de ascender más de dos
kilómetros.
Muchos vecinos se sumaron
con posterioridad para ayudar en los
preparativos de la gran comida, mientras
los demás participaban en la misa que
ofició el párroco Felip Díez.
En la
explanada de la ermita se realizó un año
más el concurso de paellas. El alcalde
Bernardí Coll se congratuló por la
respuesta del pueblo y expresó su
satisfacción por la climatología propicia.
«Afortunadamente ha hecho buen tiempo y
hemos sido muchos los vecinos que nos hemos
animado a participar de la fiesta en esta
fecha tan señalada de la tradición de
nuestro pueblo».
Desde las 9.30 horas
cerca de 1.000 pollencins se
midieron con las empinadas cuestas del Puig
de Maria para cumplir con la tradicional
cita del Pancaritat. Los más
tempraneros fueron no obstante los jóvenes,
que la noche anterior plantaban las tiendas
en el puig como viene siendo
habitual en los últimos años.
Una
tradición recuperada
La jornada
se inició con los tradicionales jocs de
cucanyes y otros pasatiempos
infantiles. A las 12.30 horas se ofició la
misa de romería y acto seguido el conjunto
de música folclórica local Corda Amarada
restauró tres piezas olvidadas del
repertorio. La Mateixa des Batle sonó 125
años después aunque en esta ocasión el
actual alcalde, Joan Cerdà, rehusó cumplir
con su parte del guión. Los músicos y el
poeta local Miquel Bota Totxo, ofrecieron
también dos piezas inéditas extraídas de un
libro de viajes de un visitante francés que
recaló por Pollença a comienzos del siglo
XX.