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EL PUNTO
Neoliberalismo y vudú
ANTONIO ALEMANY
Sigamos con los estereotipos.
Sebastián Verd entonaba ayer un
responso por el «neoliberalismo» («ya no
conduce a ninguna parte», decía) que no
sé exactamente lo qué es y en qué consiste.
Me encantaría que Verd me lo explicara, si
es que puede y sabe. La razón de la muerte
del «neoliberalismo» la ve el periodista en
el triunfo electoral de la izquierda en
varios países europeos. Sin embargo, yo veo
en este triunfo, el triunfo, no del
«neoliberalismo» que nadie sabe qué
significa, sino del liberalismo a secas, al
menos en sus principios esenciales. Como
Verd no ha leído o ha leído mal a
Fukuyama, tal vez no comprenda que
el gran triunfo de un sistema de ideas es
cuando pasa a formar parte del ideario de
sus adversarios. En el gran debate
ideológico de los últimos cien años entre
el socialismo y el liberalismo, el primero
ha sido batido en todos sus conceptos
fundamentales. El socialismo doctrinario ni
siquiera se discute ya: es pura
obsolescencia reducida a una simple
etiqueta. Solbes es un liberal
ortodoxo. Blair es el mejor
discípulo de Thatcher, como anunció
la misma Dama de Hierro.
Clinton siguió la política económica
de Reagan. Y Lula es
respetado por los organismos monetarios
internacionales precisamente porque se ha
dejado el pelo de la dehesa en la dehesa.
Yo comprendo que la izquierda necesite
caponear a sus adversarios y busque una
víctima propiciatoria con la que practicar
el vudú. Puro estereotipo. Es una
especie de batalla nominalista,
recuperada de Antístenes y de
Occam, para endulzar la gran derrota
propinada por el liberalismo.
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