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  Martes, 13 de abril de 2004 Actualizado a las 23:59
 

LA PLUMA
Antiterrorismo

FRANCISCO JAVIER ALARCON


Pude haber no ido. Se presentó Maruja Torres en el Club Diario de Mallorca el otro día y la cosa terminó -puedo decirlo- prácticamente tal y como había comenzado. Se presentaba húmeda con la presentación de su última novela, Hombres de lluvia, y terminó seca y, a mi juicio, sin lubricante alguno. Sé que ella siempre anda perdida, por eso esperaré a que sean otros los que puedan hacer el contrapunto a esta armonía mal entendida, aunque se me ha advertido últimamente que también en los acordes a destiempo hay cierta musicalidad. Dispuestos a abstractar, y a hablar de destiempos y desafines, me quedo con una de las frases de la Torres, cuando hablando siempre de lo mismo (tu siempre pensando en lo único, me dice algún amigo) espetó un «no todos los antiterroristas son buenos, también hay fanáticos». ¡Ay, Maruja!

De esa frase -que quizá pudiera leerse en cualquiera de los epitafios de los que gusta rodearse- podría entenderse un sin fin de cosas, un marasmo de incongruencias. La situación de una España irreal, conmocionada después del último noqueo del once eme, impone aclarar sus posibilidades por si acaso. La primera podría ser la de correr el peligro de entender confusamente que el fanatismo y el terrorismo son subespecies derivadas de la misma clase de escarnios. Supongamos descartada esa posibilidad al otorgarle a Maruja cierta consideración letrada, y por pensar que pudiera ser simplemente un error semántico. La historia de la barbarie humana nos demuestra que hay terroristas fanáticos y que hay fanáticos del terror, y que la diferencia entre unos y otros es el fin que justifica su error. Ni todo terrorista es fanático ni todo fanático es terrorista.

Otra posibilidad es la de entender que el fanático termina estando fuera de la realidad, sometido a una actividad delirante que le impide verla tal y como es. Así la Paz tendría una posibilidad de verse de forma distorsionada, mientras que parece difícil no verla de forma unívoca. Plantearse hablar de fanático en lugar de hablar de enfermo, es confundir una categoría con una patología. Y ahí si que existe una confusión grave que debería hacerse mirar la doña. La última de las consideraciones es la de atender a la conclusión política de la sentencia, la de irse al recurso de la palabra fanático de la paz, o del antiterror, para criticar una política antiterrorista concreta y hacer una asociación de culpas mientras se le ve la pluma.

Le recordaremos a la Torres la consigna de tolerancia cero cuando nos referimos a la violencia de género, y entonces nos preguntaremos si no apoya a las feministas que han hecho suyo ese slogan. Seguro que el ejemplo (que no tiene una connotación política en la dirección siempre buscada) no le hará la misma gracia.

Empezamos con lo de las torres y terminamos con lo de la Torres y sus chorradas. Otras más altas han caído.

 
   
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