«Dios me lo ordenó. Estaba más cerca del
Señor, quizá...». Con estas palabras, José
María Sánchez Almendro justificó el pasado
11 de marzo de 2003 ante la juez Magdalena
Morro la profanación de la imagen religiosa
más venerada de Mallorca: el Cristo de la
Sangre.
Alrededor de las 18.30 horas
del 18 de diciembre de 2002, Sánchez
Almendro irrumpió en la Iglesia de la
Anunciación. Ante la atónita mirada de los
fieles allí congregados, el profanador se
abalanzó sobre la imagen del Cristo de la
Sangre instantes antes de iniciarse los
oficios religiosos.
Después de
estremecer la imagen, arrojó el Cristo de
la Sangre violentamente contra el suelo. La
talla no pudo soportar el impacto. El
vigilante de seguridad del templo consiguió
retener al profanador de la imagen antes de
entregarlo a los agentes del Cuerpo
Nacional de Policía. La profanación contra
la imagen que despierta más fervor
religioso entre los mallorquines provocó
una honda conmoción.
Durante el
juicio, José María Sánchez Almendro declaró
en su descargo a la titular del Juzgado de
lo Penal número tres de Palma que antes de
cometer la profanación había consumido
drogas. «No era yo. No sabía lo que hacía,
estaba crispado por los nervios», indicó a
la Sala.
Poco más de un año después,
y ya restaurado tras la brutal agresión del
citado perturbado, el Cristo de la Sangre
volverá a salir a las calles de Palma con
motivo de la Semana Santa.