Un señor le ha descerrajado sesenta
perdigonazos a otro que iba por la calle,
en Palma, desde un sexto piso. El herido
parece que se salva, pero también está
claro que el tipo de la escopeta tiró a
matar. Que si hubiese tenido a mano un
bazoka, lo hubiese sacado al balcón sin la
menor duda. Es una verdadera suerte que en
todo aprendizaje, incluido el de asesino,
haya que ir paso a paso, y que el atacado
haya pillado a su agresor en esta fase
principiante de su afición a las
armas.
En la portada de un diario se
leía ayer, bajo una foto: «Familiares de un
herido por los disparos, efectuados desde
un sexto piso». Ay, esa coma. Esa coma está
muy mal puesta. Con esa coma, el adjetivo
«efectuados» queda separado de los disparos
y adjudicado a «familiares». Ese titular
nos habla de «familiares efectuados desde
un sexto piso». Lo cual puede sonar mal,
pero no es imposible. Es, en todo caso,
irrelevante. Poco importa que los
familiares del hombre tiroteado fueran
efectuados, engendrados o paridos en un
sexto piso, a menos que fueran engendrados
o paridos en el balcón, como los disparos
del lunes. Mi madre me reprocha cada dos
días esa manía mía de ver sexo por todas
partes, pero si el sexo está hasta debajo
de las piedras no es culpa mía. Yo siempre
recurriré a esa famosa anécdota que relató
Bill Murray en la famosa película
«¿Qué pasa con Bob?». Un psiquiatra
le enseña un garabato a un paciente y le
pregunta qué ve él en el papel. «Mujeres
desnudas», contesta el paciente. Es usted
un obseso sexual, le responde el médico.
¿Yo?, exclama el paciente. Y termina:
«¡Pero si es usted el que ha dibujado esta
guarrada!».
El sexo paso a paso puede
tener alguna de sus etapas en el balcón de
un sexto piso, como puede tenerla en los
aseos de un bar o como en la rotonda de
alguna carretera. En una de sus últimas
etapas el sexo paso a paso exige exhibir
las técnicas adquiridas sobre la famosa
escultura del globo terráqueo de Lorenzo
Quinn. El último paso de esta
disciplina consiste en copular colgando del
baldaquino de Gaudí en la
Catedral.
Debe ser de los pasos más
básicos el recurrir a una agencia de
amistades de las que tanto están
proliferando en Mallorca. Ayer en la radio
una de éstas anunciaba que sólo pueden
acudir a buscar pareja personas solas y con
intenciones serias. Menuda discriminación.
Más abierto parece el Club de la Amistad,
al que te puedes apuntar aunque estés
casado. Irse a cenar con cien desconocidos
puede ser el principio de una nueva vida.
Y, paso a paso, puedes acabar subido al
baldaquino.
Aznar será
profesor de «relaciones transatlánticas».
Tal vez apoyar guerras es una manera de
luchar por un sexo sin fronteras.