MARCOS TORÍO
PALMA.- Sin maletas y
sin sombrero, Eduardo Urculo se marchó para
siempre el 31 de marzo de 2003. Tenía 65
años y estaba en plena madurez creativa.
Todavía le quedaban varias paradas de un
viaje artístico ininterrumpido súbitamente
por un ataque al corazón. En el camino dejó
toda una iconografía del nómada. Paraguas,
chaquetas y zapatos de un universo en el
que también caben bodegones, culos, vacas y
kimonos.
La Planta Noble del Casal
Solleric se convertirá a partir de hoy en
la última estación de una exposición
retrospectiva itinerante del artista vasco
que se inaugura a las 20 horas. El
recorrido se inició en marzo del año pasado
en Beijing -con Urculo en vida-, y continuó
por Malasia, Shangai, Corea, Tailandia y
Vietnam.
La llegada a Palma supone la
primera y única oportunidad de ver en
España una selección de 56 obras de uno de
los mayores exponentes de la pintura pop de
este país.
La exposición abarca 40
años de creación y está estructurada, según
explicó ayer el comisario Fernando Castro,
de un modo «cronológicamente inverso».
Oleos y acrílicos sobre lienzos, técnicas
mixtas sobre tabla, dibujos sobre papel -a
lápiz, pastel o carboncillo- y acuarelas se
ordenan desde las obras cubistas más
recientes hasta las más expresionistas de
los años 60.
Castro pretende de este
modo un «recorrido fresco que no aplaste ni
aburra» con el que el espectador, explicó
en rueda de prensa, descubra «la vigencia
de un artista en el momento que hace su
obra». De este modo «se reivindica que
estaba en plenitud de recursos expresivos y
nadie va a pensar que lo que ve ya se lo
sabe, por eso, es bueno aprender a mirar
desde la extrañeza y el reconocimiento».
Con la máxima de que «el mejor
tiempo es el presente», Castro defiende que
en las últimas obras, Urculo estaba
«reinventando su estilo» y dando cuenta de
la «multirrealidad reivindicando el tiempo
meditativo frente al tráfico de imágenes».
La honda melancolía del artista no
le impedía «una visión vitalista y
optimista» de la vida que se refleja en el
color y el tratamiento de los temas que en
la retrospectiva del Solleric van desde los
desnudos femeninos, referencias a Oriente,
los elementos del viaje o los bodegones
neocubistas. A pesar de la variedad, ha
sido el género de las naturalezas muertas
el elegido por el comisario para articular
la muestra y conocer así las variaciones
estilísticas de Urculo.
Pintura
social
La evolución del artista
indica que su pintura no siempre estuvo
llena de color ni de alegría. Hubo un
tiempo en el que fue social y retrataba
-como explicaba ayer su viuda, Victoria
Hidalgo- «la España negra con obispos,
toreros y mujeres embarazadas». Era la
realidad que conoció Urculo tanto en el
ambiente duro de la minería en Bilbao como
a su llegada a Madrid. «La realidad le
afecta y se va huyendo de la negrura en un
escape hacia adelante que encontró en
Ibiza». Hidalgo recordó cómo el artista
vivió la época hippie que influyó en su
pintura y la hizo plana y colorista por
influencia de los creadores del pop-art
americano.
El propio Urculo
seleccionó los lugares en los que quería
ver su retrospectiva expuesta. Su
fascinación por Oriente hizo que la llevara
hasta Asia. Conoció el estreno en el Museo
del Milenio en Beijing el 8 de marzo de
2003. De los españoles, sólo Miró y Picasso
habían colgado sus cuadros allí antes. Su
exposición, inaugurada por la Reina Sofía,
se convirtió en la más visitada de
todas.
El ciclo se cierra en Palma.
«Para mí, esta muestra tiene un sabor
agridulce, me provoca una tremenda alegría
y una tremenda tristeza. Sé que la hubiera
disfrutado mucho» reconocía Victoria
Hidalgo aludiendo al cariño que su marido
tenía hacia las Baleares. «Pintó y vivió
aquí. Le gustaba mucho y quería que esto
terminara en las Islas».
La
retrospectiva de Eduardo Urculo podrá
visitarse hasta el próximo 18 de junio. El
Ministerio de Asuntos Exteriores ha sido el
encargado de la organización e itinerancia
de la muestra dentro de su progrma de Arte
Español para el Exterior. Las maletas del
artista, de momento, se quedan en
Palma.