ANTONIO LUCAS
MADRID.- Esos
secretos palpitantes que encierran las
galerías del Museo del Louvre son parte de
la galaxia feliz en la que Miquel Barceló
(Felanixt, Mallorca, 1957) lleva más de dos
décadas demorándose. En ese columpio de
tiempo y sueños ha encontrado la mordedura
del arte, el ectoplasma que alimenta muchos
de sus cuadros, el candil de tantas ideas y
un albergue inveterado donde huir del
arañazo de los días y su trampa.
Casi
20 años después de que una obra suya
entrara temporalmente en el Louvre -eran
los años 80-, el controvertido artista
vuelve hoy a este espacio -en la sala de
Actualidad del departamento de Artes
Gráficas- como protagonista de una
exposición -cuyas claves explica por
teléfono desde París- para desplegar (en
tres tiempos) sus dibujos inspirados en la
Divina Comedia, de Dante. Los
comisarios son Marie-Laure Bernadac y
Françoise Viatte. En abril expondrá las
imágenes del Infierno, en mayo, las
del Purgatorio y en junio, las del
Paraíso. Sin polémica, por cierto.
Pregunta.- Esta no es
la primera vez que una obra suya entra en
el Museo del
Louvre...
Respuesta.- No, no,
qué va. Ya en los años 80 fui el artista
más joven en colgar allí un cuadro. Era una
tela que reflejaba la gran galería del
museo. El Louvre encierra ese aura como de
caja de milagros. En esta ocasión, lo que
presento son los dibujos originales que
realicé para la edición de la Divina
Comedia, publicada por Círculo de
Lectores.
[A la vez, la tolvanera se
ha desatado en el Museo del Prado ante la
posibilidad de que Miquel Barceló exponga
en esta catedral de Madrid,
ensanchando así un espacio que, para
los muy académicos, quedaría de alguna
manera profanado.
De cualquier modo,
sería -¿será ya?- el primer artista
contemporáneo en colgar obra en esta
pinacoteca. El pintor ha madurado la idea,
que respalda el director de la institución,
Miguel Zugaza, y adelanta para EL MUNDO las
líneas esenciales de su proyecto más
discutido].
P.- Es
probable que en el Prado no le acojan tan
bien como en el
Louvre...
R.- Allí [por
Madrid] se ha levantado una polémica algo
artificial. Estoy
sorprendido.
P.- Sin embargo,
sus planes siguen
adelante.
R.- ¿Por qué no? No
vamos a exponer la Divina Comedia,
que nos lo planteamos en un primer momento.
La idea en el Prado es otra, más ambiciosa.
Ahora estamos trabajando en ella.
P.- ¿Aplacará las críticas
con su propuesta?
R.-
Supongo que habrá opiniones muy
variadas, claro, me parece muy bien. Si no
pasara nada sería atroz.
P.-
¿Cuál es el proyecto para Madrid? [Barceló
duda]
R.- Aún le estoy dando
vueltas. La idea es hacer una exposición
sobre el eje de la galería central del
Prado. Algo así como tomar ese espacio como
un eje transversal. El arte afecta a la
mirada sobre el pasado. Lo que me atrae es
buscar referencias y nexos entre algunas
obras clásicas y mi trabajo, pero también
me gustaría usar algunas piezas del museo
arqueológico y fragmentos de las grandes
cerámicas que he hecho para la catedral de
Palma, que también tienen ese alma de resto
arqueológico gigantesco... En el fondo se
trata de esto que te explico, realizar en
el Prado unas intervenciones puntuales...
Aunque será más favorable para todos no
desvelar completamente el proyecto, hay que
dejar espacio para la
sorpresa.
P.- Así que el lugar
escogido será el espacio más privilegiado
del museo.
R.- La idea
del director, Miguel Zugaza, es utilizar la
sala con que se inicia la gran galería del
Prado para mostrar obras contemporáneas. Es
un forma de recuperar así un lugar del
museo que en el siglo XIX se utilizaba con
el fin de exhibir obras contemporáneas.
P.- ¿Y todo esto está ya
avanzado?
R.- No. Estamos en
el origen, aunque yo he ido trabajando
sobre el tema y lo tengo cada vez más
claro.
P.- ¿No avivará este
trabajo las muchas
críticas?
R.- No lo sé, pero
no es mi intención.
P.-
Volvamos al Louvre. ¿Cuándo arranca su
relación con este museo?
R.-
De muy atrás. Vengo con mucha frecuencia.
Estamos hablando de una institución mítica.
Así como el Prado alberga la mejor
colección de pintura del mundo, sobre todo
del gran Barroco, el Louvre es asombroso
por su universalismo. Es un espacio que
encierra cosas muy extravagantes, desde
botines de guerra hasta algunas de las
mejores obras maestras. A mí esta idea de
cajón de sastre me gusta, tiene un punto
borgiano, como de laberinto sin
fin.
P.- De aquella serie suya
que tiene al Louvre como protagonista se ha
dicho que forma parte de su mejor época.
¿Supuso un punto de inflexión en su pintura
o de continuidad?
R.- Cuando
hice aquello no era más que la continuación
de mi serie de bibliotecas, o como cuando
pinto mi taller, que es el lugar de donde
sale todo. Reflejar lo que sucede en el
estudio creo que es un gesto radical, no
olvides que es un espacio más mental,
resulta como pintar el interior de tu
cerebro, esa caja negra... Lo de pintar el
museo era más caprichoso.
P.-
¿Estar en el Louvre es volver al
origen?
R.- Por qué no. Pero
sobre todo es un viaje de ida y vuelta. En
ese perímetro que es el museo puedes ir
desde Egipto y Babilonia hasta el siglo
XIX. Resulta fascinante.
P.-
¿Y cree que cabe el arte
contemporáneo?
R.- Debería.
Está bien que las pinacotecas de arte
antiguo tengan una mirada sobre lo
contemporáneo. Es también una forma de
dilatar el tiempo hacia adelante y hacia
atrás.
P.- ¿Es la hora de
desacralizar este tipo de
límites?
R.- Ya es tiempo, sí.
Fundir a los clásicos con creadores
actuales es otra forma de entender el arte
antiguo. A través de la mirada de Manet, en
el Prado, es posible ver de otra manera a
Velázquez y a Goya.
P.-
Después de estas tres series sobre la
Divina Comedia, en junio expondrá
también en el Louvre un cuadro de grandes
dimensiones...
R.- Sí, es una
tela muy grande que terminé hace poco. Se
exhibirá en el ciclo Le tableau du
mon. Ponen así el acento en un pintor
de ahora.
P.- ¿Y qué está
leyendo ahora?
R.- Un libro
fascinante de Italo Svevo, Ulises nació
en Trieste. Y un descubrimiento para
mí, que ha sido la poesía del portugués
Eugenio de Andrade, excepcional.