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  Miércoles, 7 de abril de 2004 Actualizado a las 01:11
 

Miquel Barceló: «La exposición que planeo para el Prado es más ambiciosa que la del Louvre»

Mientras la gran pinacoteca de arte antiguo de Francia abre hoy una exposición de sus dibujos inspirados en la 'Divina Comedia', el Prado colecciona críticas ante la idea de que sea el primer contemporáneo en colgar allí su obra

  A D E M A S
 El arte como antídoto contra la estupidez
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ANTONIO LUCAS

MADRID.- Esos secretos palpitantes que encierran las galerías del Museo del Louvre son parte de la galaxia feliz en la que Miquel Barceló (Felanixt, Mallorca, 1957) lleva más de dos décadas demorándose. En ese columpio de tiempo y sueños ha encontrado la mordedura del arte, el ectoplasma que alimenta muchos de sus cuadros, el candil de tantas ideas y un albergue inveterado donde huir del arañazo de los días y su trampa.

Casi 20 años después de que una obra suya entrara temporalmente en el Louvre -eran los años 80-, el controvertido artista vuelve hoy a este espacio -en la sala de Actualidad del departamento de Artes Gráficas- como protagonista de una exposición -cuyas claves explica por teléfono desde París- para desplegar (en tres tiempos) sus dibujos inspirados en la Divina Comedia, de Dante. Los comisarios son Marie-Laure Bernadac y Françoise Viatte. En abril expondrá las imágenes del Infierno, en mayo, las del Purgatorio y en junio, las del Paraíso. Sin polémica, por cierto.

Pregunta.- Esta no es la primera vez que una obra suya entra en el Museo del Louvre...

Respuesta.- No, no, qué va. Ya en los años 80 fui el artista más joven en colgar allí un cuadro. Era una tela que reflejaba la gran galería del museo. El Louvre encierra ese aura como de caja de milagros. En esta ocasión, lo que presento son los dibujos originales que realicé para la edición de la Divina Comedia, publicada por Círculo de Lectores.

[A la vez, la tolvanera se ha desatado en el Museo del Prado ante la posibilidad de que Miquel Barceló exponga en esta catedral de Madrid, ensanchando así un espacio que, para los muy académicos, quedaría de alguna manera profanado.

De cualquier modo, sería -¿será ya?- el primer artista contemporáneo en colgar obra en esta pinacoteca. El pintor ha madurado la idea, que respalda el director de la institución, Miguel Zugaza, y adelanta para EL MUNDO las líneas esenciales de su proyecto más discutido].

P.- Es probable que en el Prado no le acojan tan bien como en el Louvre...

R.- Allí [por Madrid] se ha levantado una polémica algo artificial. Estoy sorprendido.

P.- Sin embargo, sus planes siguen adelante.

R.- ¿Por qué no? No vamos a exponer la Divina Comedia, que nos lo planteamos en un primer momento. La idea en el Prado es otra, más ambiciosa. Ahora estamos trabajando en ella.

P.- ¿Aplacará las críticas con su propuesta?

R.- Supongo que habrá opiniones muy variadas, claro, me parece muy bien. Si no pasara nada sería atroz.

P.- ¿Cuál es el proyecto para Madrid? [Barceló duda]

R.- Aún le estoy dando vueltas. La idea es hacer una exposición sobre el eje de la galería central del Prado. Algo así como tomar ese espacio como un eje transversal. El arte afecta a la mirada sobre el pasado. Lo que me atrae es buscar referencias y nexos entre algunas obras clásicas y mi trabajo, pero también me gustaría usar algunas piezas del museo arqueológico y fragmentos de las grandes cerámicas que he hecho para la catedral de Palma, que también tienen ese alma de resto arqueológico gigantesco... En el fondo se trata de esto que te explico, realizar en el Prado unas intervenciones puntuales... Aunque será más favorable para todos no desvelar completamente el proyecto, hay que dejar espacio para la sorpresa.

P.- Así que el lugar escogido será el espacio más privilegiado del museo.

R.- La idea del director, Miguel Zugaza, es utilizar la sala con que se inicia la gran galería del Prado para mostrar obras contemporáneas. Es un forma de recuperar así un lugar del museo que en el siglo XIX se utilizaba con el fin de exhibir obras contemporáneas.

P.- ¿Y todo esto está ya avanzado?

R.- No. Estamos en el origen, aunque yo he ido trabajando sobre el tema y lo tengo cada vez más claro.

P.- ¿No avivará este trabajo las muchas críticas?

R.- No lo sé, pero no es mi intención.

P.- Volvamos al Louvre. ¿Cuándo arranca su relación con este museo?

R.- De muy atrás. Vengo con mucha frecuencia. Estamos hablando de una institución mítica. Así como el Prado alberga la mejor colección de pintura del mundo, sobre todo del gran Barroco, el Louvre es asombroso por su universalismo. Es un espacio que encierra cosas muy extravagantes, desde botines de guerra hasta algunas de las mejores obras maestras. A mí esta idea de cajón de sastre me gusta, tiene un punto borgiano, como de laberinto sin fin.

P.- De aquella serie suya que tiene al Louvre como protagonista se ha dicho que forma parte de su mejor época. ¿Supuso un punto de inflexión en su pintura o de continuidad?

R.- Cuando hice aquello no era más que la continuación de mi serie de bibliotecas, o como cuando pinto mi taller, que es el lugar de donde sale todo. Reflejar lo que sucede en el estudio creo que es un gesto radical, no olvides que es un espacio más mental, resulta como pintar el interior de tu cerebro, esa caja negra... Lo de pintar el museo era más caprichoso.

P.- ¿Estar en el Louvre es volver al origen?

R.- Por qué no. Pero sobre todo es un viaje de ida y vuelta. En ese perímetro que es el museo puedes ir desde Egipto y Babilonia hasta el siglo XIX. Resulta fascinante.

P.- ¿Y cree que cabe el arte contemporáneo?

R.- Debería. Está bien que las pinacotecas de arte antiguo tengan una mirada sobre lo contemporáneo. Es también una forma de dilatar el tiempo hacia adelante y hacia atrás.

P.- ¿Es la hora de desacralizar este tipo de límites?

R.- Ya es tiempo, sí. Fundir a los clásicos con creadores actuales es otra forma de entender el arte antiguo. A través de la mirada de Manet, en el Prado, es posible ver de otra manera a Velázquez y a Goya.

P.- Después de estas tres series sobre la Divina Comedia, en junio expondrá también en el Louvre un cuadro de grandes dimensiones...

R.- Sí, es una tela muy grande que terminé hace poco. Se exhibirá en el ciclo Le tableau du mon. Ponen así el acento en un pintor de ahora.

P.- ¿Y qué está leyendo ahora?

R.- Un libro fascinante de Italo Svevo, Ulises nació en Trieste. Y un descubrimiento para mí, que ha sido la poesía del portugués Eugenio de Andrade, excepcional.

 
   
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