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  Domingo, 4 de abril de 2004 Actualizado a las 01:00
 

LAS COSAS DE LA VIDA... EN PALMA
«Mis hijos están manipulados, no están en sus cabales»

Carmen Ortega asegura que sus vástagos Vicente y María del Carmen, de 16 y 14 años, quieren abandonar su casa por influencia del padre


DOWGLAS REYES

PALMA.- A Vicente no había nada que le pusiera más de los nervios que la calefacción, que su mujer pusiera la calefacción. Por no gastar, prefería que sus hijos pasaran frío…, ni bañarse querían los pobrecitos. Y ahí están los amigos para decir si es verdad o es mentira, que cuando venían a la casa no se quitaban los abrigos ni para cenar. Un tacaño y un mezquino, eso es Vicente Rivero Urbano. Y más. A Carmen, después de 19 años de matrimonio, no le cabe la menor duda.

Y aquel día, 4 de diciembre de 2001, lo que ocurrió fue eso: que Carmen puso la calefacción, «porque hacía un frío de muerte», y él la emprendió a patadas con ella. Y hasta intentó estrangularla en la cocina, delante de sus hijos. Suerte que Vicente, el mayor de los tres niños, intervino en la bronca -recibiendo también su parte, según declara la madre-, que si no «ahora no estaría aquí contándolo. Salí corriendo a gatas, casi sin respiración, y pedí ayuda a los vecinos. Esa noche unos amigos se quedaron a dormir en casa, por si pasaba algo. Fueron ellos los que avisaron a mis padres», relata muy nerviosa Carmen Ortega, desde hace 20 años auxiliar de clínica de la UCI de pediatría de Son Dureta.

Un parte forense fechado el 11 de diciembre de 2001, prueba sólo parcialmente el relato de la mujer, por cuanto no alude al intento de estrangulamiento por parte del cónyuge sino únicamente a un hematoma en una pierna, producido por una patada. Tampoco pudo probarse que su hijo Vicente fuera agredido por el padre cuando saliera en defensa de su progenitora.

Maltrato habitual

Las denuncias por malos tratos continuaron hasta que el 15 de marzo de 2002 Vicente recibió una orden de alejamiento que le impedía, durante cinco años, acercarse a Carmen y a sus suegros, instalados estos últimos en su casa desde el 11 de diciembre y, según Ortega, también víctimas de las agresiones de su marido. «Antes de dejar la casa me dijo: 'Yo soy el instrumento de Dios y te voy a destruir. Te voy a quitar lo que más quieres, a tus hijos, y cuando acabe todo te voy a matar aunque luego yo vaya a la cárcel'», recuerda Carmen.

El 11 de abril de 2003, Rivero fue condenado por «maltrato habitual» a un año y cuatro meses de prisión, así como a indemnizar a su mujer con 6.000 euros. Sentencia que ha sido recurrida en la Audiencia Provincial.

En un momento en que la violencia de género está a la orden del día, los padres de Carmen se preguntan desesperados a qué espera la Justicia para «encerrar a un psicópata». ¿Tendrán que ver antes el nombre de su hija en la sección de Sucesos de un diario?... La cosa no es tan sencilla, al menos en el caso de Vicente. Porque el ingeniero de Telefónica tiene una cosa a su favor: los hijos mayores, Vicente y Mari Carmen, de 16 y 14 años, quienes aseguran que su padre nunca le ha pegado a la madre, sino que, por el contrario, ha sido él el que ha sufrido los maltratos de Carmen y sus padres.

«No entiendo cómo después de la vida de perro que nos ha dado a todos ese hombre, mis hijos lo pueden defender. Puede que yo los perdone algún día, pero dudo mucho que ellos se puedan perdonar lo injustos que están siendo conmigo», dice Carmen, con los ojos llenos de lágrimas.

Porque no se trata sólo de que los niños defiendan la inocencia del padre, sino que también acusan a Carmen de maltratarlos cuando «bebe», adicción a la que alude un informe del Punto de Encuentro -«cuando bebe se pone pesadísima», «olía mal, decía chorradas, caminaba aguantándose por las paredes»-, en el que también los niños explican que no les gusta ir a casa de su madre, porque tanto ella como sus abuelos les hablan mal del padre y los acusan de estar metidos en «una secta diabólica, hijos de Satanás».

Carmen lo niega todo y asegura que el padre está manipulando a los niños. No obstante, extrae del bolso una receta mágica fechada el 3 de enero de 2001, momento en el que todavía Vicente vivía en la casa. El autor de dicha receta, un santero cubano, recomienda a su cliente «cinco enjuagues con albahaca, canela, perejil, azúcar, cinco perfumes y cerveza», además de «echar en su casa lo que yo le daré para ir quitando la influencia que hay». La mujer asegura haber encontrado por toda la casa «polvos como de tierra e incluso en los bolsillos de mi chaqueta». «No me extrañaría nada que estas prácticas estén influyendo a mis hijos», comenta.

Amor a los hijos

Juan Ripoll, presidente de la Asociación de Padres de Familia Separados, entidad que ha cerrado filas con Vicente y sus hijos, lo tiene clarísimo: «La única secta a la que pertenece Vicente y todos los miembros de esta asociación, es la que nos adoctrina en el amor a nuestros hijos».

El informe perital psiquiátrico del proceso judicial celebrado en pasado mes de julio, se mostraba no menos escéptico respecto a la posibilidad de que Mari Carmen y Vicente actuaran bajo el influjo del padre: «Vicente y María del Carmen (…) parecen tener ya medianamente adquiridas las capacidades cognitivas para valorar de manera consciente y afectiva sus propias decisiones sobre la custodia que desean. Su hermana Marina, de 10 años, parece, sin embargo, mucho más frágil y permeable, menos estructurada en cuanto al desarrollo de las capacidades cognitivas y volitivas que sus hermanos». No obstante, la custodia de los niños quedó en manos de la madre, lo que motivó el pasado 17 de marzo una manifestación en los Juzgados de sa Gerreria, convocada por los propios menores.

«Este informe del psiquiatra no sirve para nada según el juez. ¿Tú crees que en una hora un psicólogo puede saber lo que le pasa a los niños? Venga ya, hombre… Los niños dicen lo que el padre quiere que digan, no están en sus cabales», señala Carmen, que afirma que lo único que le importa a Vicente Rivero es recuperar la casa.

 
   
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