LORENZO MARINA
PALMA.- Una banda
rumana de carteristas se había
especializado en cometer distintos delitos
por el procedimiento del descuido. El grupo
organizado estaba compuesto por siete
personas: dos parejas de adultos y tres
menores. Utilizaban a dos niñas de ocho y
14 años y a un chico de 15 a para cometer
estos robos.
El número de integrantes
variaba dependiendo del objetivo que
tuvieran fijado. El aeropuerto de Son Sant
Joan, hoteles, paradas de autobús,
restaurantes o la misma calle constituían
sus distintos ámbitos de actuación.
Preferiblemente Playa de Palma, Palmanova o
el centro de Palma.
Las pesquisas las
iniciaron agentes del Cuerpo Nacional de
Policía de la Comisaría de la Playa de
Palma. Los investigadores constataron la
presencia de esta banda de delincuentes en
distintos robos.
La banda rumana
tenía una gran movilidad. Además, cambiaba
su estratagema a la hora de cometer el
delito en función del lugar donde se
encontrara. Todo ello sin despertar
demasiadas sospechas.
Aeropuertos.
Su principal objetivo en este punto era
hacerse con las maletas de las cintas.
Suelen esperar el momento propicio: al
final de un vuelo cuando alguna maleta
queda suelta. Cuando se han percatado de
que el dueño de la maleta no está cerca, la
sustraen. Especialmente suculentas son para
esta banda las maletas perdidas en cada
vuelo.
Restaurantes. En estos
momentos acudían todos al completo. Al
establecimiento escogido como objetivo se
deplazaban las siete personas. Los niños
eran utilizados como pantalla para
desvalijar a los clientes más desprevenidos
del restaurante. Así, mientras cenaban o
pedían la carta a los camareros, solían
entablar conversación con otros clientes
del local. Una vez despistados, otros
miembros de la banda sustraían
sigilosamente el teléfono móvil o bien la
tarjeta de crédito.
Hoteles. En
estos establecimientos había un momento
preferido sobre cualquier otro: la llegada
de un autobús con turistas. En muchas
ocasiones, vigilaban sus movimientos desde
el mismo aeropuerto. Una vez que llegaban
al hotel de destino y aprovechando el
tumulto lógico, trataban de confundirse con
el resto.
A continuación, ponían en
marcha toda la maquinaria para tratar de
hacerse con el mayor número de objetos de
valor sin despertar sospechas. Tras
entablar conversación con algunos turistas,
robaban equipajes y algunas
carteras.
La calle. Todas las
aglomeraciones eran valoradas sobremanera
para obtener un sustancioso botín. Las
calles más concurridas, los escaparates,
las paradas de autobús... También
utilizaban a los niños como pantalla para
cometer el delito. La víctima no sospechaba
que el adulto que va con el niño les va a
robar la cartera.
Finalmente, los
agentes del Cuerpo Nacional de Policía
detuvieron a dos cuando pretendían asestar
un robo en Son Sant Joan. Florian S., de 25
años, y dos menores de 14 y 15 años fueron
detenidos.
Tras ser puestos ante la
Fiscalía de menores, los dos adolescentes
fueron conducidos hasta un Centro de
Acogida. No tardaron en escaparse. Al menos
el chico salió poco después del centro.
Florin, por su parte, fue puesto a
disposición judicial por estos hechos.