E.U.
PALMA.- La Audiencia
Provincial de Palma ha condenado a cuatro
individuos a 17 años de prisión por
introducir droga en Menorca oculta de
diferentes formas: en el interior del recto
de algunos de ellos, y también mediante el
envío de paquetes por correo. Se trata de
un menorquín, un sevillano, una madrileña y
un catalán.
El 4 de junio de 2001, el
Equipo de la Policía Judicial de la Guardia
Civil de Maó comenzó a investigar a este
grupo mediante la intervención de sus
teléfonos móviles. Y mediante estas
escuchas supo que el 20 de agosto de 2001
dos de los integrantes de esta banda se
disponían a introducir droga en Menorca. Se
trataba de los dos correos. Se montó
el pertinente dispositivo policial y tan
sólo dos días después se interceptó a estos
dos individuos en el aeropuerto de Maó.
Se les examinó y se les revisó el
equipaje, pero no se encontró nada. No
obstante, la Guardia Civil sospechó que las
sustancias estupefacientes podían estar
ocultas en el interior del cuerpo de los
detenidos. Y para salir de dudas, a Manuel
Escacena y a Ana Jaén del Río se les
trasladó al Hospital Verge del Toro, donde
fueron sometidos a una exploración
radiológica. Y las sospechas se
confirmaron. Se detectaron objetos extraños
en el recto de ambos sujetos. El primero de
los detenidos ocultaba en su intestino 9
bolas, mientras que su compañera escondió
mediante el mismo procedimiento 5. Tras
analizarse el contenido de cada una de
ellas, el resultado obtenido fue el
siguiente: 147 gramos y 730 miligramos de
cocaína con una pureza del 46%; y 19 gramos
y 630 miligramos de hachís. Esa cantidad de
cocaína hubiera alcanzado en el mercado un
valor de 8.079 euros. Por su parte, el
hachís incautado hubiera adquirido un valor
de 75,15 euros.
Estos dos individuos
cumplían órdenes de un tercero: José Manuel
García, que ejercía de cerebro de la
banda. Indicó a sus subordinados que
acudieran a Madrid y a Sevilla a recoger la
droga, para posteriormente traérsela a
Baleares. El se encargaba del resto:
billetes de avión, cómo y de qué manera
comunicarse por teléfono mediante
seudónimos...
El cuarto miembro de
la banda se llama Daniel Pelliser y, al
igual que el resto, se venía dedicando a
introducir en Menorca sustancias
prohibidas. Que le conste a la Guardia
Civil, desempeñaba esta actividad desde
febrero de 2001. En este caso, y tras
intervenírsele también el teléfono, su
detención se produjo tras interceptar la
Guardia Civil un paquete que se remitía
desde la Península y que albergaba en su
interior1.191 gramos y 950 miligramos. Esa
cantidad, junto a unos 200 gramos que le
fueron intervenidos, hubiera alcanzado en
el mercado los 4.563 euros.
La
excusa
El tribunal que ha juzgado
el caso ha considerado los hechos como
constitutivos de un delito contra la salud
pública. Sólo en uno de los casos: el de
Daniel Pelliser ha concurrido como
atenuante su drogadicción. La excusa que
pusieron al juez algunos de ellos no deja
de ser curiosa. Para justificar el
contenido de las llamadas telefónicas,
declararon ante el tribunal que de lo que
hablaban por teléfono era de «compartir los
chorizos, vino y gambas que habían traído
de Sevilla».
Sin embargo, los
condenados incurrieron en innumerables
contradicciones y a pesar de insistir en la
versión de que lo que traían era comida, lo
único que se pudo incautar fue cocaína y
hachís. El chorizo, las gambas y el vino
todavía no han aparecido por ninguna parte.