La carretera de Inca a Alcudia es muy
transitada y de difícil adelantamiento. En
su favor se puede decir que es una
carretera progresista pues consume poco
territorio, tan poco que incluso carece de
arcén. Hablando en serio, hace años que por
simple cuestión de seguridad debía haber
sido sustituida por una autopista o una
autovía. Parecía que pronto iba a ser así,
al menos un tramo de ésta, pero tras el
triunfo del PSOE en las elecciones
generales ya no está tan claro. Hay que ser
comprensivos: si hemos esperado veinte años
para su ejecución, ¿por qué no esperar
otros veinte?
Hace unos meses
regresaba a casa en mi automóvil desde
Alcudia. Era de noche. De pronto, cerca ya
de Inca, vi que los faros alumbraban una
oveja. Una enorme oveja estaba atravesando
la calzada. Frené pero no pude evitar el
impacto. Se produjo un ruido hondo y seco.
La oveja salió volando y golpeó contra otro
automóvil que circulaba en dirección
contraria. Los dos vehículos que venían
detrás de mí frenaron y chocaron entre sí.
Salí fuera del automóvil y comprobé que
afortunadamente ninguna persona había
sufrido daño físico. La parte delantera de
mi alargado coche estaba muy hundida. El
enorme cordero quedó muerto en medio de la
carretera, con el consiguiente caos
circulatorio. La noche era cerrada y hacía
mucho frío. Finalmente llegó la guardia
civil. Cuando, ya de madrugada, pude
tumbarme en mi cama, no conté corderos para
conciliar el sueño. Conté una única oveja,
enorme, gigantesca, que saltaba hacia
mí.
La guardia civil me comunicó que
hacía pocos días otra oveja había causado
un accidente. Por lo visto es algo que
ocurre cada cierto tiempo, las ovejas
sencillamente se escapan sin que ello sea
motivo de alarma. Yo mismo he visto en
varias ocasiones ovejas sueltas por
distintas carreteras de Mallorca. Esto
puede parecer muy bucólico pero ocurre que
a veces los conductores mueren en este tipo
de accidentes. De esta situación son
responsables los dueños de las ovejas,
quienes deberían extremar las medidas de
seguridad.
Falta todavía un
capítulo en esta historia. La oveja con la
que choqué estaba asegurada. Parece lógico
que la compañía de seguros pague la
reparación de mi coche, pues para eso
precisamente está asegurada la oveja. Pero
la compañía considera que esta oveja
silenciosa tiene el mal gusto de estar
muerta y de no contar lo que sucedió. A lo
mejor yo robé la oveja y la puse en medio
de la carretera para luego estamparme
contra ella, en cuyo caso, obviamente, no
deberían pagarme la reparación. Vuelva a
llamarnos dentro de un mes, me dicen
siempre.