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  Miércoles, 31 de marzo de 2004 Actualizado a las 01:22
 

LA PLUMA
El silencio de los corderos

ALBERTO BLANCO


La carretera de Inca a Alcudia es muy transitada y de difícil adelantamiento. En su favor se puede decir que es una carretera progresista pues consume poco territorio, tan poco que incluso carece de arcén. Hablando en serio, hace años que por simple cuestión de seguridad debía haber sido sustituida por una autopista o una autovía. Parecía que pronto iba a ser así, al menos un tramo de ésta, pero tras el triunfo del PSOE en las elecciones generales ya no está tan claro. Hay que ser comprensivos: si hemos esperado veinte años para su ejecución, ¿por qué no esperar otros veinte?

Hace unos meses regresaba a casa en mi automóvil desde Alcudia. Era de noche. De pronto, cerca ya de Inca, vi que los faros alumbraban una oveja. Una enorme oveja estaba atravesando la calzada. Frené pero no pude evitar el impacto. Se produjo un ruido hondo y seco. La oveja salió volando y golpeó contra otro automóvil que circulaba en dirección contraria. Los dos vehículos que venían detrás de mí frenaron y chocaron entre sí. Salí fuera del automóvil y comprobé que afortunadamente ninguna persona había sufrido daño físico. La parte delantera de mi alargado coche estaba muy hundida. El enorme cordero quedó muerto en medio de la carretera, con el consiguiente caos circulatorio. La noche era cerrada y hacía mucho frío. Finalmente llegó la guardia civil. Cuando, ya de madrugada, pude tumbarme en mi cama, no conté corderos para conciliar el sueño. Conté una única oveja, enorme, gigantesca, que saltaba hacia mí.

La guardia civil me comunicó que hacía pocos días otra oveja había causado un accidente. Por lo visto es algo que ocurre cada cierto tiempo, las ovejas sencillamente se escapan sin que ello sea motivo de alarma. Yo mismo he visto en varias ocasiones ovejas sueltas por distintas carreteras de Mallorca. Esto puede parecer muy bucólico pero ocurre que a veces los conductores mueren en este tipo de accidentes. De esta situación son responsables los dueños de las ovejas, quienes deberían extremar las medidas de seguridad.

Falta todavía un capítulo en esta historia. La oveja con la que choqué estaba asegurada. Parece lógico que la compañía de seguros pague la reparación de mi coche, pues para eso precisamente está asegurada la oveja. Pero la compañía considera que esta oveja silenciosa tiene el mal gusto de estar muerta y de no contar lo que sucedió. A lo mejor yo robé la oveja y la puse en medio de la carretera para luego estamparme contra ella, en cuyo caso, obviamente, no deberían pagarme la reparación. Vuelva a llamarnos dentro de un mes, me dicen siempre.

 
   
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