Atentados como el de Madrid agotan las
palabras: las debilitan, las deterioran.
Las imágenes, sin embargo, parecen mostrar
mejor la realidad. La cámara se nos
presenta como el ojo de la historia. Pero
tal vez esto nos estemos engañando.Dudo
todavía de la conveniencia de mostrar a
través de los medios de comunicación las
imágenes de los muertos de este monstruoso
atentado. En Nueva York, tras el 11-S, no
se mostraron; se esgrimieron
fundamentalmente dos razones para no
hacerlo: no exceder los límites del buen
gusto y defender los derechos de los
parientes. Son dos razones que en esta
ocasión se han obviado. ¿Cuál es el objeto
de exponer unas imágenes que sabemos que no
son necesarias? ¿Concitar la indignación?
¿Hacernos sentir repugnancia y tristeza?
Para orientarme, recurrí a la
lectura del libro de Susan Sontag «Ante el
dolor de los demás». La autora sostiene que
debemos permitir que las imágenes atroces
nos persigan pues cumplen una función
esencial. Estas imágenes nos dicen lo que
los seres humanos se atreven a hacer,
convencidos de que están en lo justo. Estas
imágenes nos dicen: no lo olvides. Sirven
para el recuerdo. Y recordar es una acción
ética, ya que la amnesia conduce a la
insensibilidad. El recuerdo es además la
única relación que podemos mantener con los
muertos.
Se puede sentir la
obligación de mirar estas imágenes pero se
debería sentir la obligación de reflexionar
sobre ellas. ¿Quién causó lo que muestra la
imagen? ¿Quién es responsable? ¿Se puede
excusar? ¿Fue inevitable? ¿Cómo conseguir
que no vuelva a ocurrir? No todas las
reacciones a estas imágenes están
supervisadas por la razón y la conciencia.
La conmoción creada puede unir a la gente
de buena voluntad e impulsar una llamada a
la paz; pero también puede servir para
concitar el odio al enemigo, buscar falsos
culpables, animar la venganza.
Tras
el atentado de Madrid numerosas personas
donaron sangre, prestaron gratuitamente
servicios médicos, psicológicos, etc. Pero
la gran mayoría de españoles se sintió
frustrada de no poder hacer nada. La
inmediata celebración de las elecciones
brindó esa posibilidad: para algunos votar
al PSOE significó hacer algo, el PP era
culpable de la matanza. Me temo que no hubo
tiempo para meditar esa opinión. Una
opinión que medios influyentes se
encargaron sórdidamente de apoyar. Los
únicos responsables del atentado son los
terroristas de Al-Qaeda, a quienes nada
importa el sufrimiento del pueblo iraquí y
para quienes cualquier excusa es buena a la
hora de perpetrar una masacre.