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  Jueves, 25 de marzo de 2004 Actualizado a las 00:42
 

LA PLUMA
Imágenes

ALBERTO BLANCO


Atentados como el de Madrid agotan las palabras: las debilitan, las deterioran. Las imágenes, sin embargo, parecen mostrar mejor la realidad. La cámara se nos presenta como el ojo de la historia. Pero tal vez esto nos estemos engañando.Dudo todavía de la conveniencia de mostrar a través de los medios de comunicación las imágenes de los muertos de este monstruoso atentado. En Nueva York, tras el 11-S, no se mostraron; se esgrimieron fundamentalmente dos razones para no hacerlo: no exceder los límites del buen gusto y defender los derechos de los parientes. Son dos razones que en esta ocasión se han obviado. ¿Cuál es el objeto de exponer unas imágenes que sabemos que no son necesarias? ¿Concitar la indignación? ¿Hacernos sentir repugnancia y tristeza?

Para orientarme, recurrí a la lectura del libro de Susan Sontag «Ante el dolor de los demás». La autora sostiene que debemos permitir que las imágenes atroces nos persigan pues cumplen una función esencial. Estas imágenes nos dicen lo que los seres humanos se atreven a hacer, convencidos de que están en lo justo. Estas imágenes nos dicen: no lo olvides. Sirven para el recuerdo. Y recordar es una acción ética, ya que la amnesia conduce a la insensibilidad. El recuerdo es además la única relación que podemos mantener con los muertos.

Se puede sentir la obligación de mirar estas imágenes pero se debería sentir la obligación de reflexionar sobre ellas. ¿Quién causó lo que muestra la imagen? ¿Quién es responsable? ¿Se puede excusar? ¿Fue inevitable? ¿Cómo conseguir que no vuelva a ocurrir? No todas las reacciones a estas imágenes están supervisadas por la razón y la conciencia. La conmoción creada puede unir a la gente de buena voluntad e impulsar una llamada a la paz; pero también puede servir para concitar el odio al enemigo, buscar falsos culpables, animar la venganza.

Tras el atentado de Madrid numerosas personas donaron sangre, prestaron gratuitamente servicios médicos, psicológicos, etc. Pero la gran mayoría de españoles se sintió frustrada de no poder hacer nada. La inmediata celebración de las elecciones brindó esa posibilidad: para algunos votar al PSOE significó hacer algo, el PP era culpable de la matanza. Me temo que no hubo tiempo para meditar esa opinión. Una opinión que medios influyentes se encargaron sórdidamente de apoyar. Los únicos responsables del atentado son los terroristas de Al-Qaeda, a quienes nada importa el sufrimiento del pueblo iraquí y para quienes cualquier excusa es buena a la hora de perpetrar una masacre.

 
   
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