AGUSTÍN RIVERA
PALMA.- Empezaron
hace año y medio con una fábrica de pan
precocinado y congelado. Era la primera
fase. Les fue bien, pero querían más. No se
conformaban. Y fue entonces cuando llegó
una segunda fase más ambiciosa: la
fabricación de galletas, las tradicionales
mallorquinas, tanto por el tamaño y sus
componentes. Fue así como surgieron las
galletas Rosdor, que en apenas un mes de
comercialización del producto ya han
saltado las fronteras de la Isla: ya tienen
contratado un pedido de 7.000 kilos de
galletas destino Miami. Y esto, asegura el
director general de la compañía, Gabriel
Negre, tan sólo es el
principio.
Radicados en Mercapalma,
en un solar de 7.000 metros cuadrados de
los que 1.500 metros cuadrados están
destinados a la fabricación de galletas, la
compañía ha empezado con un capital social
de 1,3 millones de euros, divididos a un
50% entre Juan Manuel González Serna,
presidente y único propietario del grupo
Siro, el segundo grupo productor nacional
más importante (50.000 toneladas anuales) y
el propio Negre que controla el 50% de la
firma.
La empresa, que cuenta con 52
empleados (un 20% discapacitados), prevé
una facturación para este año de siete
millones de euros y prevé una producción de
700 toneladas destinadas al mercado balear
(la capacidad máxima de fabricación al año
asciende a 3.500 toneladas).
No han
tenido que esperar mucho tiempo para sus
planes de internacionalización. Tienen
contactos en Reino Unido y Alemania, pero
ha sido en Miami el primer sitio donde
exportarán su galleta. A la capital hispana
del Imperio norteamericano enviarán
un pedido de 7.000 kilos. «Hay muy buena
coyuntura porque en Estados Unidos el
aceite de oliva está teniendo muy buena
aceptación», relata Gabriel Negre a este
periódico.
¿Y qué diferencia a esta
galletas de otras de la competencia? «En
Mallorca existe desde hace muchísimos años
una gran cultura gastronómica de galletas y
el consumo es elevadísimo respecto a otro
tipo de galletas».
Así las cosas, a
Negre se le ocurrió que hacía falta renovar
el producto: «Hemos innovado y nos hemos
desmarcado de la competencia por el envase
y por nuestras pruebas con clientes»,
explica el director general de la compañía,
tras reconocer que elegir el envase en vez
de la clásica bolsa supone un coste de 100
pesetas el kilo frente a las 15 pesetas el
kilo con una bolsa.
Más diferencias.
«El cliente también nos ha pedido galletas
sin sal, que las vamos a comercializar muy
pronto, al igual que picos y rosquillas sin
olvidar que nuestra galleta con más éxito
es la que tiene aceite de oliva en su
superficie».
Pero no hay truco. Los
ingredientes, quiere dejar muy claro,el
capitán de Rosdor, son harina, agua,
levadura y aceite. Negre, 38 años,
licenciado en Empresariales por la UIB,
cree (tiene una amplia experiencia en este
sector) que es importante tener como
aliados a los grandes grupos de
distribución nacional, pero también sin
contar con los pequeños comercios poco se
puede hacer. «Tenemos una alianza de
distribución con el grupo Areba con una
flota de 67 camiones».
Y no sólo se
trata de distribuir el producto en Mallorca
y en Menorca e Ibiza, sino también creen
que en las ciudades del arco mediterráneo
español también hay nicho de
mercado.
¿Y por qué el empresario
mallorquín tiene tanta capacidad para hacer
negocios fuera? «Puede ser cuestión de
supervivencia. Con las barreras físicas que
tenemos o te sales fuera o estás estancado.
Nosotros somos un producto exportable»,
remarca Negre. Y remata: «Sabemos que
tenemos que ir poco a poco. Hemos crecido
como marca y eso es muy importante, pero no
nos queremos quedar aquí. Tenemos muchas
posibilidades y vamos a aprovecharlas».