JIMENEZ-DIAZ
PALMA.- El espíritu
de la escultora mallorquina y académica de
Bellas Artes Remigia Caubet sigue vivo. Y
su obra más aún en estos días. La Fundación
Barceló inaugura esta tarde una exposición
con trabajos inéditos de esta palmesana.
Cuando sólo faltan semanas para que se
cumpla el séptimo aniversario de su muerte,
su legado más personal y desconocido vuelve
a la palestra. La muestra está expuesta
hasta el 17 de abril.
La exposición
es una selección de 42 obras de Caubet
entre bronces -que son mayoría-, dibujos,
terracotas, y un alabastro. Las esculturas
proceden en un 50% de colecciones propias,
y el otro 50% restante de colecciones
particulares que han sido cedidas. Todas
las piezas escultóricas salen por primera
vez a la luz desde su fallecimiento en
1997.
Su hijo, Damián Ramis Caubet
ocupó un lugar importante en su vida y en
su trabajo. El es también escultor, y
trabajó codo con codo con su madre. Ahora,
algunos años después, relata lo que ella le
enseñó. «El respeto al arte, es una pasión
y una forma de ser. Ella me enseñó a vivir
la escultura cada día, no es una cosa
pasajera», explicó.
Su madre manejaba
a la perfección sus manos para modelar lo
que sentía a través del bronce. Su hijo
recuerda que «me decía que a veces la
escultura es un arte dramático porque hay
que manejar muchos
materiales».
Además, recalcó algunas
dificultades con las que se encontraba
Remigia Caubet a la hora de trabajar. «En
una escultura, son 360 grados, hay que
dominar el barro, el yeso, la piedra, el
bronce… aprendía a dominar el oficio y
después modelaba cada
uno».
Influencias
clásicas
Si tuviera que calificar
a su madre diría que «la propia escultura
suya ya la define. Ella se sentía siempre
heredera de la escultura clásica, sobre
todo de la griega, pero admiraba la
mediterránea y catalana y eso influyó en su
obra, pero poco a poco se fue desligando de
estas herencias para después desarrollar su
propio lenguaje y respirar esa elegancia y
esa sensibilidad que denotan sus obras»,
relató.
Sobre la temática, cabe
destacar el hilo conductor de la muestra.
«Estas obras las hacía entre grandes
proyectos escultóricos. Mi madre disfrutaba
de ponerse a modelar un niño en el brazo de
su madre o una maternidad. Estas son sus
obras, las que salían de su propia
necesidad de crear una temática que ella
creía que tenía que desarrollar». Así, la
muestra es «un homenaje a las obras que
ella hacía desde dentro».
La
exposición recorre la trayectoria de
Caubet. Hay esculturas desde los años
cuarenta hasta los 90. Todo un repaso de lo
que fueron sus creaciones a lo largo de su
dilatada carrera.
Por eso, su hijo, a
la hora de seleccionar ha tenido bastantes
problemas para elegir. «Tengo
contabilizadas más de 500 obras. Son
demasiadas para este espacio. Queríamos que
no quedase demasiado cargado. Las obras
necesitan respirar y eso es lo que hemos
intentado hacer en su colocación». Pero la
obra de Remigia no va a acabar aquí. Quedan
muchas piezas todavía en la sombra, que
dentro de algún tiempo podrían ser de nuevo
los protagonistas de una nueva exposición.
«Tengo en la mente hacer una muestra con el
resto de obras. Lo tengo pensado desde que
falleció pero sus obras están repartidas
por todo el mundo. Aún así, no descartó
nada a largo plazo».