JOAN ESTRANY
INCA.- El notable
incremento de la delincuencia juvenil, que
desde el último año viene registrando la
capital del Raiguer, hace insuficientes los
40 policías que configuran la patrulla
municipal de Inca.
A las habituales
tareas policiales de atención domiciliaria,
coordinación de tráfico, vigilancia de
estacionamientos y tareas de administración
se suma ahora el seguimiento de
delincuentes menores de edad, especialmente
de un grupo reducido de magrebíes que están
contribuyendo a incrementar de forma
insólita los índices de hurtos y pequeños
robos en domicilios y coches.
En
recientes declaraciones a los medios de
comunicación, el alcalde de Inca y
presidente del Parlament, Pere Rotger,
apelaba por un endurecimiento de la Ley del
Menor ante la escasa efectividad que ésta
parece demostrar de cara a la
reeducación de
los detenidos, dada la reincidencia de
muchos de ellos.
Las palabras de
Rotger apuntaban en concreto a un colectivo
de seis chicos de entre 15 y 17 años de
origen magrebí que están batiendo todos los
récords de detenciones. Uno de ellos se
personó en comisaría el pasado mes de enero
por vigésimo tercera vez, aunque los
agentes dudan que sea la última.
En
la actualidad, tras dos estancias en el
centro de reeducación de Es Pinaret, han
regresado a Inca. Y es que tan pronto están
a disposición del juez son puestos, en el
99% de los casos, en libertad haciendo
inútiles los repetidos esfuerzos policiales
por tratar de garantizar la seguridad de
sus conciudadanos.
«En general,
explica el concejal de Policía, Joan Deus,
se trata de hurtos de poca importancia que
rara vez superan los 600 euros, por ello no
podemos hablar de delitos propiamente».
Pese a la poca entidad de las sustracciones
no deja de llamar la atención la facilidad
con que estos cinco ladrones se prodigan.
Deus calcula más de 30 hurtos mensuales de
media.
Reincidentes
Las
zonas más castigadas se corresponden con la
zona de Son Amonda, San Francesc e incluso
zonas muy próximas a sus hogares
respectivos como calle Font, Glòria o
Palmer. Según fuentes policiales, actúan
sin ninguna organización y sin un fin
concreto que no sea el de conseguir dinero
fácil. Por ello aprovechan los descuidos de
vecinos confiados y los horarios más
intempestivos para irrumpir, violentando
puertas o ventanas, en los domicilios
ajenos, sin reparar tan siquiera en la
presencia o no de sus moradores. En una
misma noche se han llegado a contabilizar
hasta 6 denuncias por hurto en domicilio y
2 en vehículos. Entre las víctimas hay
algún vecino que ha sufrido ya en tres
ocasiones la inesperada visita.
En la
actualidad hay una quincena de menores
expedientados en los archivos de la Policía
Local de Inca. Una vez completado el
atestado judicial, algunos de estos chicos
pasan a un Grupo de Especialistas en
Mujeres y Menores (EMUME) dependiente de la
Guardia Civil. También es habitual que, con
la intención de favorecer su reinserción
social, se les obligue a la prestación de
servicios sociales en el Ayuntamiento o en
la misma oficina de Policía, pero estas
tareas duran apenas tres o cuatro días,
pasados los cuales vuelven a campar a sus
anchas.
A diferencia de algunas redes
juveniles nativas, este quinteto no tiene
relación alguna con tráfico de drogas,
confirman fuentes policiales, y responden a
causas sociológicas sobre las cuales los
agentes manifiestan una evidente
preocupación, ante la posibilidad de que
estos sucesos vayan a más. Entienden además
que los efectivos de que disponen son
insuficientes -tres décimas por debajo del
1,6 agentes por 1.000 habitantes
recomendado- y que la aplicación de la Ley
de Menor no se corresponde con lo que esta
establece.
Joan Deus quita leña al
asunto insistiendo en que se trata de
pequeños hurtos que se han dado siempre y
que a menudo se dan por el exceso de
confianza de los vecinos. «Ya se sabe, si
uno no pone cuidado en lo suyo te lo
cepillan», afirma Deus.