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ELMUNDO OPINA
La frivolidad de un técnico
La investigación que se va avanzando
sobre las causas del talud desprendido y
que provocó el descarrilamiento del tren no
hace sino agravar las cosas e indicar las
responsabilidades en cascada en todo este
desgraciado asunto que pudo haber revestido
caracteres trágicos. En primer lugar, es
especialmente grave que el técnico
encargado de supervisar las obras sea un
ingeniero de Caminos, que son los
profesionales idóneos y competentes en
materia de obras ferroviarias. Sorprende
-de ser ciertas las informaciones que se
aventuran- la irresponsable frivolidad de
un técnico cualificado al que sólo le
preocupan: a) que se cumplan los plazos y
b) el color del talud. Pero, en segundo
lugar, parece claro que el ingeniero de
Caminos en cuestión no actuó tanto en su
calidad de profesional como en su condición
de «comisario-enlace» entre un Govern
obsesionado por la foto inaugural dentro de
plazo pre- electoral y la empresa encargada
de las obras. ¿Quién envió al ingeniero
allí? ¿Qué órdenes había recibido? ¿Quién
fue el que se las dio? Todos estos extremos
deben ser aclarados para fijar exactamente
dónde están las responsabilidades de una
obra mal hecha, con grave peligro para la
seguridad de la línea y de los viajeros y
que ha tenido como resultado final un
descarrilamiento, afortunada y
milagrosamente saldado sin víctimas graves.
Hay que seguir profundizando en la
cuestión.
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