M. A. RUIZ
PALMA.- El ingeniero de
caminos Pere Ventayol, designado por el
Pacte como miembro del consejo de
administración de Serveis Ferroviaris de
Mallorca (SFM), supervisó personalmente las
obras ejecutadas hace un año para
consolidar el talud de Son Tey (Petra), que
el pasado fin de semana se desplomó sobre
la vía férrea provocando el
descarrilamiento del tren. Según han
declarado los responsables de la
constructora en el curso de la
investigación abierta por la Conselleria de
Obras Públicas para esclarecer las causas
del accidente, Ventayol dio su conformidad
a estos trabajos e impuso tan sólo dos
prioridades: que se cumplieran
estrictamente los plazos previstos para
poder inaugurar la línea el 12 de mayo, dos
semanas antes de las elecciones
autonómicas, y que se cuidara el aspecto
estético al 'lavado de cara' que se aplicó
al terraplén, consistente en una cobertura
de hormigón.
En cambio, según estos
testimonios, no consta que hiciera ninguna
gestión encaminada a garantizar que la
solución aplicada era la más segura para
evitar nuevos desprendimientos como los
registrados en marzo del pasado año, dos
meses antes de la
inauguración.
Ventayol ha compartido
despacho profesional con el también
ingeniero y ex presidente de Autoridad
Portuaria, Francesc Triay, y está
considerado como un hombre de confianza del
ex president Antich. Durante la ejecución
del proyecto del tren de Manacor, actuó
como correa de transmisión entre los
responsables políticos de SFM y la UTE
Enllaç-Manacor encargada de ejecutar las
obras, jugando un papel calificado por
algunos como «comisario técnico-político»
del Pacte.
Las
firmas
Pero dejó que fuera un
funcionario de segundo nivel de la
Conselleria quien asumiera la
responsabilidad de estampar su firma tanto
en el proyecto del trazado como en las dos
actas de recepción, firmadas el 10 de mayo
de 2003 (dos días antes de la inauguración)
y el 2 de junio, mediante las cuales la
empresa pública asumía las obras de forma
«provisional».
En el curso de la
investigación abierta, los representantes
de la constructora han explicado que Pere
Ventayol visitó personalmente, en su
calidad de supervisor, las obras que se
ejecutaron contra reloj para consolidar el
talud de Son Tey, que no quedaron
concluidas hasta diez días de la
inauguración.
Sus recomendaciones al
respecto fueron sobre la coloración del
hormigón, que ofrecía un aspecto poco
estético, y sobre la necesidad de plantar
especies arbustivas en los márgenes de las
trincheras. En cambio, su prioridad fue
«que se cumpliesen estrictamente los
plazos». Fue esta premura en el tiempo la
que llevó a los constructores a aplicar una
solución técnica de urgencia: la colocación
de una malla metálica, recubierta de un
gunitado de cemento, para frenar la caída
de material rocoso sobre la vía.
El gunitado
En sus
declaraciones de los tres últimos días, los
representantes de Enllaç-Manacor han
coincidido en señalar que el gunitado que
se aplicó sólo servía para recubrir la
ladera, no para sostener el talud y evitar
desprendimientos de mayor envergadura.
Aunque no se hubiera realizado esta
actuación, la ladera también se habría
desplomado sobre la vía férrea, pues era
preciso abordar «obras de mayor
envergadura», según el representante de
Comsa, integrante de la UTE Enllaç-Manacor.
Levantar muros de contención en ambos
márgenes de la vía, como los que Obras
Públicas empezó a construir el sábado,
añaden, era una solución mucho más fiable y
segura, pero habría impedido inaugurar la
línea en el plazo previsto.
Tampoco
se ejecutó una cuneta de coronación en el
talud, recomendada en estos casos para
canalizar las corrientes de agua provocadas
por la lluvia.