Galeria d'art Lebasi Hasta el 2 de
abril
A.CLAR / C.JOVER
PALMA.-
Si uno pretendiera recortar el lienzo antes
de que ninguna mancha de experiencia lo
alterase, de manera que en el vacío se
empezase a perfilar la luz contenida en el
color blanco, tal vez encontrase una suerte
de arquitectura íntima en la que poder
«habitarse». Ese encuentro con uno mismo,
más allá de donde acaban los festones y
vestimentas de la falsa imagen, aparece
perfilado en estos trabajos casi «manuales»
del jovencísimo ibicenco de 77 años Rafael
Tur Costa (Santa Eulalia del Río, 1927).
En las veinte propuestas de
pintura-collage que ha colgado en la
galería Lebasi, además de la novedad en su
trayectoria de dos piezas de pequeño tamaño
de carácter escultórico fechadas en 2001 y
2003 respectivamente, Tur Costa construye
un universo que él mismo califica de
tridimensional, apuntando por tanto más
hacia un espacio real en el que pueden
debatirse sucesos y procesos vitales, que a
un espacio pictórico al uso, de carácter
siempre transacional y ficticio, en el que
toda propuesta llama indefectiblemente a la
puerta de la utopía.
Trabajar el
blanco, trabajar en blanco, es tal vez una
de las tareas más difíciles que pueden
plantearse. Como un Rimbaud penetrando en
los infiernos del yo, el artista que
intenta tratar el blanco de tú a tú puede
perderse en un «maëlstrom» de nihilismo del
que no pueda recuperarse.
En el caso
de Tur Costa, experimentado viajero por esa
resina de la luz mediterránea en agosto que
es «su» blanco, no hay peligro: en sus
manos, el vacío se deja construir, y la
luz-lejía de la canícula abandona su
soberbia, dejándose recortar, pegar,
esculpir, como si fuese un trozo de
recuerdo. Con técnica mixta y collage sobre
papel, Tur Costa nos ofrece un avance de lo
que será una gran exposición en «Sa Nostra»
este próximo verano. Allí nos volveremos a
ver.