JORGE MAYET. ONE WAY... DESDE LA
DISTANCIA
Galería Horrach-Moyá
Hasta el 26 de abril
A. CLAR /
C.JOVER
PALMA.- Jorge Mayet (Cuba
1962) realiza su quinta exposición
individual en la galería Horrach Moyá y se
convierte así en un artista familiar para
los visitantes de este espacio. Sus cuadros
(en este caso, 14 óleos) se dejan ver
fácilmente y encuentran por ello muchas
sensibilidades dispuestas a hacerse con
alguno de ellos.
Su pintura, sometida
a una contemplación desinformada, muestra
paisajes de factura minuciosa en una
perfecta quietud. Sólo los caminos y la
estela dejada por los barcos delatan la
huella del hombre. El resultado es una
sensación de serena melancolía.
Y de
eso precisamente nos dice el artista que
hablan sus obras: él utiliza todo este
paisaje de forma simbólica y traduce los
recuerdos de su isla natal y el camino
recorrido hasta esta nueva isla de
adopción, con composiciones donde el árbol,
la isla, el mar, el cielo encapotado, la
luz y los caminos, son los
protagonistas.
El estilo
hiperrealista que utiliza como lenguaje es
una de las tendencias que seguimos viendo
como expresión del arte actual. Al
contrario de lo que sucede con otras
tendencias del mismo signo, los iconos no
hacen referencia al mundo de los
mass-media, ni se pretende una crítica
social; el paisaje es un símbolo universal
y atemporal y su lectura es comprensible
por tanto por un público sin exclusiones de
razas ni edades.
En este caso, la
precisión analítica de la realidad se
centra en el paisaje tal y como hicieran
los pintores alemanes del Sturm und Drang,
pero aquí no se pretende utilizar la
naturaleza como expresión dramática de la
pequeñez del hombre, sino que se usa de un
modo simbólico, de forma que las imágenes
representen signos que funcionen como
iconos procedentes del inconsciente
colectivo y que el autor maneja
convenientemente, «racionalmente» para
expresar sus experiencias personales,
alejadas de cualquier pretensión
universalista.
Mayet recurre al
paisaje y lo expresa con precisión casi
fotográfica, pero al intervenir en él a
través de la composición (tendente a la
simetría), en la utilización del color y
del blanco y negro en la misma pieza, en la
iluminación focal del detalle, y en la
ubicación de la línea del horizonte, crea
una atmósfera de ensueño que recuerda a
alguna de las obras del surrealista
Magritte, pero en las que la intención
dista mucho de éste.
Aquí no
interesa la sorprendente asociación de
imágenes que aluden a un inconsciente
liberado de cualquier indicio de
racionalidad, sino que el autor escoge muy
«conscientemente» sus motivos y crea así su
particular álbum de fotos
imaginario.
Su intención es rememorar
su pasado, la niñez, su tierra natal y a
sus seres queridos, y ¿qué mejor manera
para hacer este repaso personal que la
alusión a imágenes sugerentes que, al
contrario de lo que sucede con el instante
fotográfico congelado, son capaces de crear
toda una atmósfera emocional a la que no
puede sustraerse -ni dejar de implicarse-
el espectador? Este es el logro de Jorge
Mayet: partiendo de la exposición de su
intimidad, la transciende, alcanzando de
lleno la mirada ajena y trasladándola a
«otra dimensión» en la que fácilmente puede
ver reflejado su propio sentimiento.