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  Lunes, 22 de marzo de 2004 Actualizado a las 22:42
 

La Galería
Lío en la Asociación de Galeristas


PALMA.- Juntos pero muy revueltos, como suele ser lo habitual en todo «mènage» mediterráneo. Pretender que exista un oasis de vertebración cooperativista en el seno de una sociedad individualista a ultranza y veneciana como la nuestra es mucho pretender.

Así, en la Asociación de galeristas, que se organizó en su día para defender intereses comunes (y canalizar adecuadamente el flujo de subvenciones públicas de apoyo al «arte de las islas»), se está produciendo una auténtica guerra sin cuartel desde hace un tiempo. El origen, por lo visto, la disparidad de «criterios artísticos» entre los distintos miembros, y la especie defendida por los más antiguos de la casa de que no todo el mundo debería tener derecho a entrar en el club. Es el viejo tema, llevado a mayores, de la diferencia entre el galerista «botigué» y el galerista «comprometido».

El charco estaba tranquilo hasta que empezó a producirse el aluvión de aperturas de galerías, cuyas últimas altas (o sea, lo que algunos llaman «áltimas») anunciábamos aquí hace unas semanas. ¿Todo local en el que se cuelgan cuadros de las paredes para su venta es una galería? ¿No importa que no exista ninguna directriz estética, y que el detentador del negocio tenga del arte una vaga idea romántica de juventud? ¿Que las obras en venta provengan de oscuras especulaciones inmobiliarias, cuya realización de resultados obliga a la apertura de un escaparate en el zoco que mantiene el diálogo abierto con el dinero de color?

La cuestión está planteada, y en las últimas reuniones ha habido más gritos que susurros. Como primera fuga este bimestre (la publicación de noticias de la Asociación es bimestral) ya no encontraremos a la galería Horrach Moyá, no tan sólo, en este caso, a raíz de su fuerte posicionamiento «comprometido» con el arte más moderno, sino, parece ser, que también forzado por el «susurro» en la intimidad de alguna artista de postín, cuya trayectoria internacional le permite ver con más perspectiva (o al menos así lo cree ella).

¿Se confirmarán en las próximas semanas los negros augurios, y otras renombradas galerías isleñas abandonarán la Asociación que en su día crearon? Xavier Fiol, Bernat Rabassa, Ferrán Cano tejen y destejen la madeja, que puede terminar pareciéndose más a una nueva asociación, con estatutos específicos «anti-botigué», que a un embrollo de lana virgen. Habrá que estar atentos, porque siempre es divertido seguir los susurros del chapoteo en el charco de las pugnas mediterráneas.

 
   
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