PALMA.- Juntos pero muy revueltos, como
suele ser lo habitual en todo «mènage»
mediterráneo. Pretender que exista un oasis
de vertebración cooperativista en el seno
de una sociedad individualista a ultranza y
veneciana como la nuestra es mucho
pretender. Así, en la Asociación de
galeristas, que se organizó en su día para
defender intereses comunes (y canalizar
adecuadamente el flujo de subvenciones
públicas de apoyo al «arte de las islas»),
se está produciendo una auténtica guerra
sin cuartel desde hace un tiempo. El
origen, por lo visto, la disparidad de
«criterios artísticos» entre los distintos
miembros, y la especie defendida por los
más antiguos de la casa de que no todo el
mundo debería tener derecho a entrar en el
club. Es el viejo tema, llevado a mayores,
de la diferencia entre el galerista
«botigué» y el galerista
«comprometido».
El charco estaba
tranquilo hasta que empezó a producirse el
aluvión de aperturas de galerías, cuyas
últimas altas (o sea, lo que algunos llaman
«áltimas») anunciábamos aquí hace unas
semanas. ¿Todo local en el que se cuelgan
cuadros de las paredes para su venta es una
galería? ¿No importa que no exista ninguna
directriz estética, y que el detentador del
negocio tenga del arte una vaga idea
romántica de juventud? ¿Que las obras en
venta provengan de oscuras especulaciones
inmobiliarias, cuya realización de
resultados obliga a la apertura de un
escaparate en el zoco que mantiene el
diálogo abierto con el dinero de
color?
La cuestión está planteada, y
en las últimas reuniones ha habido más
gritos que susurros. Como primera fuga este
bimestre (la publicación de noticias de la
Asociación es bimestral) ya no
encontraremos a la galería Horrach Moyá, no
tan sólo, en este caso, a raíz de su fuerte
posicionamiento «comprometido» con el arte
más moderno, sino, parece ser, que también
forzado por el «susurro» en la intimidad de
alguna artista de postín, cuya trayectoria
internacional le permite ver con más
perspectiva (o al menos así lo cree
ella).
¿Se confirmarán en las
próximas semanas los negros augurios, y
otras renombradas galerías isleñas
abandonarán la Asociación que en su día
crearon? Xavier Fiol, Bernat Rabassa,
Ferrán Cano tejen y destejen la madeja, que
puede terminar pareciéndose más a una nueva
asociación, con estatutos específicos
«anti-botigué», que a un embrollo de lana
virgen. Habrá que estar atentos, porque
siempre es divertido seguir los susurros
del chapoteo en el charco de las pugnas
mediterráneas.