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EL MUNDO OPINA
Fanatismos
Bien, todas estas cosas se veían venir
o, para ser más exactos, se sabían que
ocurrían. Forman parte, en definitiva, del
fanatismo que, para desgracia de la lengua
catalana, impregna a ciertos -demasiados-
ámbitos del catalanismo docente. De ahí que
no vale la pena perder el tiempo en repetir
una censura a estos comportamientos y en
lamentar en voz alta que esto pueda ocurrir
en nuestras Islas. De lo que se trata ahora
es de cómo -y esta es la responsabilidad
del Govern- se devuelven a estos colegios
los niveles de dignidad moral, decencia
intelectual y apertura de mente que deben
tener, tanto por su condición de centros
docentes como por su condición de centros
pagados con dineros públicos. Los
Institutos no están para ejercer de correas
de transmisión de fanatismos excluyentes
sino para formar ciudadanos abiertos y
tolerantes.
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