JAVIER MARTINEZ
En 1997 Lleyton
Hewitt se convertía, con 15 años y 11
meses, en el más joven jugador que entraba
en el cuadro del Abierto de Australia,
perdiendo ante Sergi Bruguera en la primera
ronda. Un curso después, con 16 años y 10
meses, se acreditaba como el más precoz,
desde Michael Chang en 1988, en conquistar
un torneo, en Adelaida.
En 2002
Rafael Nadal fue el noveno jugador en ganar
un partido de la ATP antes de cumplir los
16 años. También la pasada temporada,
alcanzaba la tercera ronda en dos Masters
Series: en Montecarlo, cobrándose a un
campeón de Roland Garros, Albert Costa; y
en Hamburgo, pasando por encima de otro
triunfador en París, Carlos
Moyà.
Ayer, en el choque de
intrépidos talentos, Lleyton Hewitt derrotó
a Rafael Nadal por 7-6 (2), 7-6 (5) y 6-2
en la tercera ronda del Abierto de
Australia. «Aún no tengo juego para ser
top ten, pero si sigo haciéndolo así
seguro que lo voy a lograr», comentó el
español tras el partido.
El chaval
tiene razones de sobra para la ilusión. Su
rival de ayer le lleva dos títulos de Grand
Slam de ventaja, otros 17 torneos de la ATP
y un par de temporadas coronado como número
uno del mundo, amén de dos entorchados con
Australia en la Copa Davis, competición en
la que Nadal tiene todos los números para
debutar como doblista el mes próximo, ante
la República Checa.
Esa brecha en el
historial se hizo evidente cuando ambos
entraron en dos definitivos cuerpo a
cuerpo. Allí, en los desempates, Hewitt
sólo necesitó esperar. El mallorquín se
despistó en el tie-break del primer
set después de que le cantasen fuera un
servicio que estimaba bueno y cedió de
carrerilla siete puntos tras dominar por
2-0. Hasta tal lance había llegado de
frente, recuperando de inmediato el primer
servicio perdido en undécimo juego para
forzar el desempate, armado con una derecha
con la que consiguió buena parte de sus 32
golpes ganadores. «Normalmente hay pocos
jugadores que cuando estoy pegando así de
derecha me aguantan tan bien», dijo.