T. J. E
Enviado
especial
Ayer tocó jornada de
descanso en el Hipódromo de Vincennes. La
expedición mallorqruina, integrada ya por
más de 300 personas, tras la llegada del
segundo grupo, aprovechó para conocer o
visitar, durante esta corta estancia bien
los encantos de la ciudad (que son muchos)
o bien asistir a uno de los más
tradicionales actos en Vincennes, la
subasta.
Durante los días de
carreras, las apuestas aumentan
considerablemente, y con ellas el
movimiento económico en greneral.
Así, al tratarse de un escaparate
mundial de los mejores trotones, se
aprovecha para llevar a cabo una lujosa
subasta donde se pueden adquirir los
mejores productos del mercado.
Allí,
los mejores y más adinerados dueños de
cuadras aprovechan para, cuando menos,
ojear los precios del mercado. Este año,
como no podía ser menos, la actividad fue
importante, y entre los espectadores se
pudieron ver muchas caras de los
propietarios procedentes de las baleares
que, pese a no adquirir nungún ejemplar sí
se emocionaron con las pujas.