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  Jueves, 22 de enero de 2004 Actualizado a las 00:54
 

LA LONJA
Las que abusan de trapitos, pañuelos y braguitas

MARTA ZOREDA


PRECIO. Llego a la redacción del periódico y los colegas me preguntan si es posible que un pañuelo de señora pueda costar 87.000 pesetas. Sí, respondo sin inmutarme, con autoridad y suficiencia, como queriendo dar a entender que mi armario no es ajeno a esa clase de lujos. Pero les seré sincera, dicho sea entre nosotros y sin que salga de aquí, nunca pensé que en Palma se pudieran comprar pañuelos de ese precio. Y menos aún en almacenes para públicos masivos. Al menos nadie podrá decir que el nivel del comercio palmesano no está a la altura de París, Londres o Nueva York en lo que a precios se refiere.

Pero el precio no es la cuestión más relevante de las numerosos compras de ropa realizadas por Margarita Nájera por cuenta del Ayuntamiento de Calvià, las cuales fueron ayer objeto de amplia información en las páginas de este periódico. Lo interesante es saber por qué mujeres de valía e inteligencia ampliamente reconocida como Nájera, no hace mucho Angela Rodicio y tiempo atrás Pilar Miró, dilapidan su prestigio político o profesional por unos cuantos trapitos de marca. Rara vez hemos visto a los hombres incurrir en semejante torpeza. No es que los varones demuestren tener una naturaleza moral superior y no incurran en los vicios de la coquetería, pero los trajes de firma, los pisos, los coches o las fincas los pagan de su bolsillo. A veces, en el caso de los corruptos, con dinero ilícito, pero nunca con dinero público.

Bueno, es posible que las mujeres sintamos una debilidad por la ropa superior, pero eso no basta para comprender la conducta de Nájera. Creo que al cometer una irregularidad tan evidente, tan a las claras, tan imposible de ocultar, la ex alcaldesa de Calvià no era consciente de estar realizando ningún acto abusivo. Debía de considerar que esos carísimos regalos que se autoconcedía eran la justa recompensa que merecía su persona por los impagables servicios que prestaba a los ciudadanos de Calvià, tal era el engolamiento que había alcanzado.

Para mí estamos ante la alocada conducta de una mujer enferma de soberbia, exactamente igual que en los casos aludidos de Angela Rodicio o Pilar Miró. Y lo anterior, seguramente, propiciado por la mediocridad que caracteriza a la vida política balear, en la que el tuerto es el rey y Nájera la reina Margarita, y el subidón de vanidad que tiene que sentir una mujer cuando su valía se eleva por encima de todos sus colegas y además en profesiones tradicionalmente dominadas por el sexo masculino, como la política, el periodismo de guerra o la dirección de películas.

Sí, las mujeres todavía no estamos acostumbradas al reconocimiento profesional en ámbitos tradicionalmente masculinos. Algunas se emborrachan de éxito y acaban despilfarrando en pañuelos el prestigio que tanto les ha costado conseguir. Es lamentable, ridículo, cómico, claro que sí, pero señores, no se hagan ustedes demasiadas ilusiones y no crean que esta debilidad femenina por los trapos a cuenta del erario público vaya a procurarles muchas más ocasiones para destilar ironía contra nosotras. Aprenderemos pronto a conducirnos en el éxito, principalmente el político, y a manejarnos en las artes de la superchería masculina. Esta pintoresca corrupción de pañuelos, trapitos y braguitas tiene los días contados. Sólo los que tarden algunas en habituarse a los mecanismos y leyes de la corrupción a lo grande, típica del varón sin escrúpulos. Por desgracia, es sólo cuestión de tiempo.

PACIENCIA. Y ya que estamos metidos en asuntos de mujeres, sigamos con ellas para hablar de María Salom, también protagonista estos días por su condición de cabeza de lista del PP balear al Congreso de los Diputados.

Salom lleva desde los 18 años preparándose para alcanzar un alto cargo en la política, que es tanto como decir la mitad de su vida. En estos años, ha visto como hombres y mujeres de menor experiencia y valía que la suya alcanzaban puestos superiores a los conseguidos por ella, todo lo cual hace presumir que nos hallamos ante una política con aguante a la que el éxito le llega tras 18 años de paciencia y prudencia. Me consta que le gustan los trapos de firma y hasta podría decirse que es uno de los políticos que viste mejor del Parlament, aunque eso, vista la escasez de gusto de nuestros diputados, no sea mucho decir. En cualquier caso, lo importante es que a María Salom no me la imagino comprándose un traje de Prada por cuenta del Congreso de los Diputados. Tiene la cabeza muy en su sitio y los años de paciencia y prudencia le han inmunizado contra las locuras de la vanidad. Además, el tiempo que le ha costado acceder a un puesto de relevancia y el hecho de que el obtenido estos días la aleje de los centros de decisión de la política local, demuestra que es una mujer leal con los suyos, pero no de esa clase de personas que se avienen a todo con tal de conseguir un coche oficial.

Al final le han reconocido sus méritos, pero la han enviado a Madrid, para que siga practicando sus principios lejos de casa. Bueno, María, consuélate, en Madrid hay unas tiendas estupendas. Te deseo lo mejor.

PREMIOS. Y acabo con mujeres, o más bien ausencia de mujeres, las que no estuvieron entre los ganadores de los Premios Ciutat de Palma.

No, no reclamo para las mujeres premios que no nos correspondan por nuestros méritos. Dios nos libre. Pero ya que los catalanistas se llevan las manos a la cabeza ante la posibilidad de que una obra en español pueda ganar un premio en Mallorca, no veo por qué no puedo comentar con extrañeza la ausencia de mujeres en el grupo de ganadores. Lo mío no es furibunda indignación, es sólo educada, amable y benevolente extrañeza.

martazoreda@ccr.es

 
   
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