S. D.
MELBOURNE.- Rafel Nadal y
Tommy Robredo se afianzan como una pareja
competitiva de dobles y en la primera ronda
del Open de Australia derrotaron a los
argentinos Lucas Arnold y Mariano Hood por
4-6, 6-4 y 1-6. La pareja española se
perfila como una de las principales
candidatas para formar parte del combinado
nacional para la Davis después de ganar en
el Abierto Madrás y al haber logrado un
nivel de juego que permitiría a España de
ganar garantías en un punto que ha sido
crítico para los diferentes enfrentamientos
que ha afrontado.
La pareja
Nadal-Robredo espera ahora a su
contendiente en la segunda ronda que saldrá
del duelo entre los sudafricanos Jeff
Coetzee-Chris Haggarg y los australianos
Joshua Eagle y Patrick Rafter.
Por
otra parte, una de las sorpresas del primer
grande del año está siendo Marat Safin,
que se dejó caer por Melbourne casi como un
primerizo. Atrás habían quedado la final de
2002 contra Thomas Johansson, el título del
US Open dos años antes y un par de pasos
coyunturales por el número uno del mundo.
El gigante moscovita luce ahora el
número 87, consecuencia de una temporada
aciaga, seis derrotas en primera ronda tras
disputar en abril la final del Conde de
Godó, desde donde se precipitó en caída
libre hasta su victoria del lunes contra
Brian Vahaly. Ayer volvió a ganar, esta vez
a Jarkko Nieminen, 7-6 (5), 6-4, 4-6 y 6-4
después de presentar 22 saques
directos.
«No he venido para pasar un
par de rondas. Si estoy aquí es para dar lo
mejor de mí mismo. Voy a intentar ganar.
¿Por qué no?», se preguntaba en rueda de
prensa. El tenista forjado en Valencia de
la mano de Rafael Mansúa ha decidido
tomárselo en serio.
Un matiz. Que
nadie espere al chico más aplicado de la
clase. Marat es Marat, con su gusto por la
buena vida, la buena mesa, poco dispuesto a
desaprovechar esa impecable estampa de
donjuán. Ahora bien, la maldita muñeca
parece que ha dejado de dar guerra, y el
hombre ausente el pasado año en tres de los
cuatro Grand Slams ya ha señalado el
objetivo para el presente curso: acabar
como número uno del mundo.
En agosto
del pasado año se operó de la muñeca
izquierda para terminar con una pesadilla
persecutoria. No le había ido bien el
tratamiento seguido en Australia, durante
el único grande que jugó, y el daño
se reproducía sistemáticamente. El mal
viene de fábrica, de un gesto exagerado a
la hora de ejecutar el revés a dos manos,
en el momento de la aceleración.
En
su afán de eludir el quirófano, se fue a
Los Angeles para ponerse en manos de un
especialista que había tratado al mismísimo
Michael Jordan, un mes antes de poner el
remedio inevitable.
La recuperación
tampoco resultó fácil. De vuelta a la
cancha, se fue a la calle de primeras en
toda la temporada otoñal. Carente de tono
físico, el tenista con mayor capacidad del
circuito parecía un juguete en manos de
adversarios sin demasiado
pedigrí.
«He estado mes y medio
trabajando muy duro y espero recibir algún
premio después de correr por las montañas,
levantar pesas y toda esa serie de cosas»,
explica.
Por primera vez en su
carrera cuenta con un preparador físico, el
polaco Walt Landers, colaborador en su
momento de Pete Sampras, Carlos Moyà y
Wayne Ferreira. El ha encontrado la
implicación necesaria en un tenista poco
dado a las servidumbres de su profesión.
Ese largo periodo de frustración desempeñó
también un rol favorable para señalar el
rumbo. Safin, que hace unos años se planteó
bastante en serio colgar la raqueta y
montar un garito en Valencia, ha comprobado
que echaba en falta el tenis.
Hace un
año se puso a las órdenes de Denis
Golovanov, un ex tenista de 25 años en
quien ha encontrado una cierta
comunicación, el complemento anímico en su
devenir itinerante. Safin es consciente de
su extraordinario talento. «Yo sé cómo
jugar a esto», recuerda a menudo.
Golovanov pertenece a su generación,
habla su mismo idioma, es alguien con quien
puede ocupar el tiempo libre, no sólo para
business, no con el único fin de
perfeccionar unos fundamentos poco
susceptibles de mejora.