MARTA BUESA
ZARAGOZA.- Estreno en
un escenario y entorno muy familiares.
Víctor Muñoz debuta hoy como entrenador del
Zaragoza (el equipo donde creció) en un
estadio donde se consagró como futbolista
de primer nivel: el Camp Nou. El ex
centrocampista internacional asume el reto
de reconducir el rumbo de una nave que mira
hacia Segunda y que afronta la Copa como un
expediente obligado a cumplir.
El
técnico maño apenas ha tenido tiempo para
examinar el momento de forma de sus
jugadores, dado que el pasado lunes
reemplazó a Paco Flores al frente del club.
Ha suscrito un contrato de año y medio de
duración: lo que resta de temporada y la
siguiente. A pesar de que no ha tenido
tiempo para planificar el trabajo, ya ha
comenzado a ensayar algunas variaciones
respecto al sistema de juego y a la
ubicación de los jugadores. Así, está
estudiando modificar la línea de ataque
para dar cabida juntos a David Villa y
Yordi. En el centro de campo, Cuartero
(actuaba como lateral con Flores) podría
acompañar a Ponzio.
Pero el principal
objetivo de Víctor será recuperar la
autoestima de sus hombres, que en las
últimas semanas han bajado notablemente el
nivel físico, al menos así lo reconoce el
propio técnico: «He visto muchos partidos
del Zaragoza y puedo decir que al principio
de temporada iba bien, pero poco a poco ha
ido perdiendo gas».
El preparador
cree que su equipo dispone de las garantías
necsarias para abandonar el furgón de cola
de la Liga y mantener la categoría. «Hay
mimbres, jugadores y equipo suficiente para
rendir más de lo que se ha hecho hasta
ahora», advierte con claro tono
esperanzador.
«Mi trabajo en el club
debe ser el de un aglutinador, dar sentido
al juego y tener en cuenta los gustos del
aficionado y la situación en la que nos
encontramos», señaló poco después de
hacerse cargo del equipo.
Víctor, que
contará con Raúl Longhi como segundo
entrenador y con Manuel Lapuente como
preparador físico, también comentó que hay
que intentar crear un grupo que juegue como
un bloque. Su primer examen lo pasará est
ante un adversario que necesita
congratularse con su afición, y al que ya
ganó cuando dirigía al Villarreal.