R. D. Y.
PALMA.- Nunca es tarde si
la dicha es buena. El único toro de Osborne
que puebla las Baleares ha recuperado su
anterior esplendor. Este fin de semana, el
histórico anuncio publicitario ha sido
arreglado después de que, a finales del
pasado mes de octubre, amaneciese con un
cuerno mutilado. Ahora ya no tiene pintadas
de supuestos reivindicativos y todos sus
elementos están en su sitio.
El único
ejemplar de toro de Osborne que existe en
las Islas está situado a la altura del
kilómetro 24 de la carretera PM-715 que
conecta Palma con Artà, dentro del término
municipal de Algaida. Junto al morlaco
mallorquín, otros 89 toros sobreviven en
las carreteras españolas después de la ley
que prohibió todo tipo de anuncios a la
vista de los conductores en carretera
abierta.
Sólo sobreviven 90 de los
centenares de animales de cartón que se
instalaron a mediados del siglo pasado por
toda la, valga de la redundancia, piel de
toro. Pero el hecho es que esta efigie se
ha convertido en un verdadero símbolo
nacional español, de tal manera que ha
sustituido en numerosas ocasiones al escudo
constitucional en la bandera
rojigualda.
2.000
kilos
Aunque la mayoría de ellos
llega a los 14 metros de alto y ocupan una
superficie de 200 metros cuadrados, el toro
mallorquín es de la saga pequeña, con
'sólo' cinco metros de alto por ocho de
ancho, es decir, 40 metros cuadrados de
superficie. Ahora bien, no por eso deja de
pesar unos 2.000 kilos, con lo que es
inevitable encontrarse con su espectacular
figura sobre una colina de apenas 160
metros de altura.
El diseño de la
valla publicitaria fue encargado al artista
andaluz Manolo Prieto por la familia
Osborne y su creación comenzó a extenderse
como imagen de la marca a partir de 1956.
Quién le iba a decir al majestuoso animal
que en julio de 1988 la Ley de Carreteras
pondría en solfa al toro. Osborne se
defendió asegurando que no era publicidad,
sino la comunicación de una expresión
artística que plasma un elemento de la
cultura tradicional española.
El
debate público estaba servido y hubo un
vencedor: el toro tenía que quedarse como
fuera porque el 75% de la opinión pública
estaba dispuesto a seguir toreándolo con
maestría cada vez que condujesen. Desde
entonces ha tenido que soportar varias
mutilaciones y numerosas pintadas, pero
sigue enhiesto sobre las colinas de las
carreteras españolas.