Visto desde dentro el Festival de Cine
de Mallorca es un milagro. El 2003 ha
dispuesto de una liquidez que apenas rozaba
los 72.000 euros cuando el entorno
inmediato, nuestros presuntos competidores
más directos, es decir, los festivales de
Sevilla, Málaga o Las Palmas, gozan de
presupuestos que superan generosamente los
3,5 millones de euros, aportados sin
dudarlo un instante por los respectivos
ayuntamientos y gobiernos autonómicos. En
el caso de nuestro Festival, el
Ayuntamiento de Palma no quiso entrar
porque las proyecciones tenían lugar en el
vecino municipio de Marratxí. Muestra
inequívoca de miopía política, y de pobreza
de miras, de unos gestores que reivindican
una Ley de Capitalidad, y suspiran por el
área metropolitana de la Bahía de Palma…
que sólo cabe imaginar liderada por
Ciutat.
Se olvidaban en Cort que los
invitados residían en Palma, y que el
grueso de la actividades paralelas tenía
lugar en sus dominios, empezando por el
campus de la UIB.
Lo de menos es
donde se proyectan las películas (los AMC,
por cierto, han colaborado sin pedir nada a
cambio). Lo que verdaderamente importa es
el alcance promocional que podría llegar a
tener este Festival, caso de contar con el
apoyo decidido de las instituciones. Así,
por ejemplo, lo entendió la cúpula de
Festival Park: no nos necesitaban a
priori (cada fin de semana se supera la
cifra de los 46.000 visitantes), pero
quieren llegar a segmentos de población que
por lo general no acostumbran a visitar
estos complejos, y el Festival de Cine de
Mallorca lo identifican como una plataforma
ideal.
El turismo en Baleares se
nutre fundamentalmente de ciudadanos de la
UE. Bien, ¿por qué no convertirnos en
líderes en la difusión de una industria, y
de un star-system, genuinamente
nuestro? Es compatible con los intereses
estratégicos de la política turística de
nuestro Ejecutivo. Existen fórmulas y
oportunidades, para hacer coincidir los
intereses de unos, el Govern, y otros (el
Festival) para que ambas actividades
trabajen en idénticos objetivos. Un
ejemplo: interesa promocionar el turismo
escandinavo. Mientras el Govern hace
posible un congreso de agentes de viaje
escandinavos, el Festival pone en marcha,
en paralelo, un ciclo de cine dedicado a la
zona, propiciando en la que demominaremos
la 'milla mágica' el encuentro entre
profesionales y los 'vips' del Festival.
¿Qué mejor manera de regresar a casa,
dibujándose en el rostro, y en los futuros
proyectos, el calor de la experiencia?
Este año el Festival de Cine de
Mallorca (Palma es la capital indiscutida
de la isla, por tanto el mejor aval para un
festival con ese nombre) adoptaba un cambio
significativo en su orientación:
'Europfilm', fórmula inédita, si nos
tomamos la molestia de analizar la
especialidad de las diferentes muestras que
tienen lugar en la geografía española, y
probablemente un caso único en el conjunto
de la Unión Europea. He tenido ocasión de
conversar largo y tendido con Jackie
Buet, directora del Festival de
Créteil-Paris, y Assumpta Serna,
representante en España de la Academia
Europea del Cine. Era uno de mis cometidos
básicos como subdirector del Festival:
establecer puentes de cara a inminentes
colaboraciones encaminadas a darle sentido
y solidez a la idea de un proyecto con
vocación nítidamente
europeísta.
Ahora mismo estoy en
condiciones de afirmar que si prospera la
edición de 2004, el prestigioso Festival de
Créteil, en colaboración con el Institut de
la Dona, será un aliado incondicional
nuestro; de la misma manera que puedo
afirmar, sin riesgo a equivocarme, que
Assumpta Serna será la interlocutora entre
el Festival de Cine de Mallorca y la sede
de la Academia en Berlín. El primer
capítulo de ambas colaboraciones podría
concretarse en organizar el ciclo estable
de cine dirigido por mujeres, y una sección
con las nominadas a los 'European Film
Awards', que el 2004 se entregarán en
Barcelona. Sólo son mínimos apuntes para
dejar constancia de que desde el Festival
se están haciendo los deberes para sentar
las bases de una idea que, reforzada por el
nombre de Mallorca y a partir del efecto
multiplicador de su carisma, puede abrir
insospechados caminos de futuro. Pero,
insisto una vez más, el Festival de Cine de
Mallorca hoy por hoy sólo es un milagro. La
voluntad de unos pocos, liderados por
Rafael García Loza, director del
Festival, y el firme apoyo de miradas
externas que creen en este proyecto están
haciendo posible que el sueño no se
desvanezca.
El alcance mediático de
la presente edición ha sido notable, a
pesar de que al mismo tiempo se
desarrollaban citas de mayor envergadura:
la Seminci de Valladolid o el Festival de
Sevilla. Provocándose deserciones de última
hora que no habrían sucedido de estar
consolidado el proyecto. Me parece de mucha
importancia, en este sentido, que Assumpta
Serna, a pesar de ser miembro del jurado en
el Festival de Sevilla retrasara su llegada
a la ciudad andaluza para poder estar 24
horas con nosotros.
Como subdirector
del Festival, estoy en la obligación de
reconocer errores en la organización, por
lo demás lógicos debido a la pobreza de
medios, de la misma manera que es justo
reconocer el apoyo del Govern a través de
la Conselleria de Turisme, sinceramente de
escaso relieve, aunque también es cierto
que al menos ha permitido mantener viva la
llama del proyecto. Este es el momento,
improrrogable, de impulsar la idea. ¿A qué
esperamos?