D.R.
PALMA.- El Museu de Mallorca
acogió ayer la presentación de una
importante colección de papeles pintados,
que será expuesta a finales de 2004.
Donado por la «Casa Pomar Flores»,
el conjunto, que se integra a las
colecciones de Artes Decorativas del museo,
está integrado por un total de 5.000 rollos
de papel pintado y cenefas, la mayoría de
ellos de procedencia inglesa, aunque
también es notable la presencia de papeles
de fabricación francesa, española, belga y
norteamericana.
Las piezas, que «en
principio» pueden datarse entre 1880 y
1960, serán tratadas, registradas y
documentadas próximamente con la ayuda de
una serie de documentos que la familia
Pomar, concretamente Guillem y Josep Maria,
ha puesto a disposición del centro
expositivo y entre los que figuran
facturas, libros de contabilidad, cartas
comerciales y calendarios. «Intentaremos,
no obstante, sacar el máximo partido a la
memoria familiar de los Pomar», señaló
risueña Joana Maria Palou, directora del
Museu de Mallorca.
Lo que Palou
definió ayer como «un conjunto excepcional
y único en las colecciones públicas del
Estado Español», permitirá conocer al
público, según dijo, «una serie de
cuestiones interesantes, como la evolución
de los gustos, la decoración o las nuevas
industrias relacionadas con los oficios
tradicionales en Mallorca durante el cambio
de siglo, así como en las transformaciones
de la primera mitad del siglo XX».
Un periodo «muy importante» desde el
punto de vista económico y social, añadió
Palou, quien sugirió se pensase, por
ejemplo, «en que es un momento en que están
desapareciendo los oficios profesionales»,
en el sentido de que «el pintor que pinta
una cenefa ya también tiene que hacer de
aparejador».
La Casa Pomar Flores
comenzó su actividad comercial en 1860,
cuando el pintor y decorador de profesión
Cayetano Pomar Miró abrió una tienda en su
taller, ubicado entonces en la calle Vicent
Mut, para vender papeles pintados,
importados de la Península y del
extranjero.
A la muerte de Cayetano,
le sucedió en el negocio su sobrino Josep
Pomar Flores, que primero mudó el taller a
la calle Sant Bartolomé, luego, en los años
20, a Sant Miquel - «al lado de Sant
Antoniet, frente a la tienda La Filadora»-
y por último al número 77 de la misma
calle, donde reside desde hace cincuenta
años. Pintores de la talla de Juli Ramis,
Joan Miró, Mompó, Richt Miller o Miquel
Llabrés, han sido clientes habituales de
esta empresa.
«Con el tiempo, el
negocio amplió sus servicios e incluimos la
venta de pinturas, barnices y disolventes,
así como una sección de Bellas Artes y
enmarcación, que hoy es la actividad
principal de la empresa», señaló Guillem
Pomar Reynes.