-La mitad de la población de Baleares,
en el año 2010, serán
inmigrantes.
-¿Y quién dice tal
cosa?
-La Conselleria de
Economía.
-Pues vaya manera de
acojonar al personal que tienen estos
maestros.
Según Antonio
Monserrat, director general de
Economía, Baleares ha registrado en 2001 el
mayor incremento de población de los
últimos doscientos años y ello le lleva a
afirmar que, al final de esta década, la
población inmigrante habrá igualado a la
autóctona. Así que, oído al
parche.
Pero a grandes males, grandes
remedios. Siempre podrán ponerse
limitaciones al incremento de la población
atendiendo a criterios de sostenibilidad
económica, social, cultural o ambiental.
-¿Y eso quién lo dice?
-El
conseller de Economía, que como es el jefe
de Monserrat se supone que sabe y manda más
que él.
-Ah, acabáramos
entonces.
O sea que, por una parte,
la mitad de la población Balear serán
inmigrantes y, por otra, como se podrán
limitaciones, no lo serán. Como quien dice
que una cosa y la contraria son ciertas y
al mismo tiempo no lo son. Está
claro.
Si es posible poner
limitaciones a la venida de inmigrantes,
como afirma Sampol, ¿a qué viene
entonces que Monserrat nos alarme con sus
datos? ¿O es que se trata de que uno ponga
los problemas para que el otro pueda poner
los remedios?
A estas alturas de la
película, a menos de 130 días de las
elecciones, sin embargo, sacar a pasear el
espantajo de la inmigración -¡lagarto,
lagarto!- no parece una cosa inocente.
Es cierto que el número de
inmigrantes ha sido elevado, pero esto no
tiene por qué ser una constante. Sólo de
continuar viniendo en la misma proporción y
el crecimiento vegetativo superar al
indígena, se podrían alcanzar los niveles
señalados. Y ni una ni otra cosa tienen por
qué ser ciertas.
Nada más fácil, sin
embargo, en cualquier parte, que alentar la
xenofobia. Y los datos de Economía, si no
lo pretenden a fe que lo parecen. En todo
caso pueden dar pie a que, en campaña
electoral, se digan algunas barbaridades de
las que luego habremos de avergonzarnos. Y
ya sabemos algunos de qué pie cojean como
para que no vayamos a sospechar que este
asunto les va que ni pintado a sus
intereses.
La inmigración sin
embargo es un asunto demasiado serio para
dejarlo en manos de las pecadoras manos de
los políticos que, casi siempre, tienden a
instrumentalizar cosas serias con las que
no se debería jugar. Aunque con estos
bueyes, nos guste o nos disguste, hemos de
arar. Al menos, hasta que acabe la
legislatura y las urnas sentencien.