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  Martes, 21 de enero de 2003 Actualizado a las 23:07
 

LA MIRADA
El espantajo de la inmigración

GASPAR SABATER


-La mitad de la población de Baleares, en el año 2010, serán inmigrantes.

-¿Y quién dice tal cosa?

-La Conselleria de Economía.

-Pues vaya manera de acojonar al personal que tienen estos maestros.

Según Antonio Monserrat, director general de Economía, Baleares ha registrado en 2001 el mayor incremento de población de los últimos doscientos años y ello le lleva a afirmar que, al final de esta década, la población inmigrante habrá igualado a la autóctona. Así que, oído al parche.

Pero a grandes males, grandes remedios. Siempre podrán ponerse limitaciones al incremento de la población atendiendo a criterios de sostenibilidad económica, social, cultural o ambiental.

-¿Y eso quién lo dice?

-El conseller de Economía, que como es el jefe de Monserrat se supone que sabe y manda más que él.

-Ah, acabáramos entonces.

O sea que, por una parte, la mitad de la población Balear serán inmigrantes y, por otra, como se podrán limitaciones, no lo serán. Como quien dice que una cosa y la contraria son ciertas y al mismo tiempo no lo son. Está claro.

Si es posible poner limitaciones a la venida de inmigrantes, como afirma Sampol, ¿a qué viene entonces que Monserrat nos alarme con sus datos? ¿O es que se trata de que uno ponga los problemas para que el otro pueda poner los remedios?

A estas alturas de la película, a menos de 130 días de las elecciones, sin embargo, sacar a pasear el espantajo de la inmigración -¡lagarto, lagarto!- no parece una cosa inocente.

Es cierto que el número de inmigrantes ha sido elevado, pero esto no tiene por qué ser una constante. Sólo de continuar viniendo en la misma proporción y el crecimiento vegetativo superar al indígena, se podrían alcanzar los niveles señalados. Y ni una ni otra cosa tienen por qué ser ciertas.

Nada más fácil, sin embargo, en cualquier parte, que alentar la xenofobia. Y los datos de Economía, si no lo pretenden a fe que lo parecen. En todo caso pueden dar pie a que, en campaña electoral, se digan algunas barbaridades de las que luego habremos de avergonzarnos. Y ya sabemos algunos de qué pie cojean como para que no vayamos a sospechar que este asunto les va que ni pintado a sus intereses.

La inmigración sin embargo es un asunto demasiado serio para dejarlo en manos de las pecadoras manos de los políticos que, casi siempre, tienden a instrumentalizar cosas serias con las que no se debería jugar. Aunque con estos bueyes, nos guste o nos disguste, hemos de arar. Al menos, hasta que acabe la legislatura y las urnas sentencien.

 
   
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