MIQUEL FÈLIX
PALMA.— Al
final no llegó la sangre al río. Els Verds
decidieron retirar, en el último momento,
tres de las cuatro enmiendas que el
diputado Joan Buades había presentado al
proyecto de presupuestos de la Comunidad
Autónoma para el próximo año. Gracias a
este «gesto de buena voluntad» —así lo
definieron ellos— el presidente Antich no
va a destituir a Margalida Rosselló como
consellera de Medio Ambiente.
La
última de las enmiendas, que solicitaba un
extra de 750.000 euros para atender a los
enfermos mentales de las Pitiüses, sólo
recibió el apoyo de Buades. La consellera
optó por votar en bloque junto al resto de
partidos que prestan apoyo al Govern. De
esta forma, la iniciativa no prosperó pese
a contar con el oportuno respaldo del
PP.
Rosselló, pues, rechazó un plan
de salud mental en Eivissa y Formentera
pese a que su partido había tachado de
«vergüenza» que la enmienda no mereciera el
apoyo del Pacte. Mientras, Buades calificó
de «increíble» que sus propuestas no se
hayan llegado a negociar.
El
diputado también lamentó que sus compañeros
de Esquerra Unida se hayan mantenido en
silencio en toda esta polémica: «Es
inconcebible que se callen cuando un
compañero de coalición se la está jugando
por defender propuestas ecologistas y
sociales».
Pese a renunciar a las
enmiendas en el momento de su votación, Els
Verds quisieron defenderlas y propiciar el
debate con el resto de fuerzas
progresistas. Esto sirvió para
evidenciar, una vez más, su enorme
distanciamiento con los nacionalistas del
PSM y, en menor medida, también del PSOE.
Cuando llegó el momento de la retirada,
Joan Buades se ganó los abucheos del Grupo
Popular.
Antich,
satisfecho
Tras ver cómo los
ecologistas plegaban velas y decidían
someterse a la disciplina del Pacte,
Francesc Antich aparcó el enfado que había
mostrado el lunes y expresó su satisfacción
porque, a su entender, había prevalecido el
«sentido común». «No me cabía en la cabeza
una situación distinta y que la consellera
votara en contra, estoy contento»,
sentenció.
Después de todo, el jefe
del Ejecutivo atribuyó lo sucedido al clima
de «nerviosismo preelectoral» que habría
interferido en la «capacidad de diálogo y
necesidad de actuar como un gobierno
cohesionado» que, según su análisis, ha
definido la acción de su gabinete desde
1999 hasta hoy.
Sobre el ultimátum a
Margalida Rosselló para que rechazara las
enmiendas si no quería ser cesada
fulminantemente, el coordinador de Els
Verds de Mallorca, Jordi López, fue
tajante: «No hubiéramos aceptado un
chantaje de Antich en esos términos, la
decisión de retirar las enmiendas la hemos
tomado libremente».
Las quejas de
Sampol
El que no se dio por
satisfecho con el gesto y siguió echando
leña al fuego de la polémica fue el
vicepresidente del Govern, Pere Sampol.
Este recriminó a sus socios que «no se
puede gobernar en contra de la gente» y les
urgió a «corregir» este
«problema».
Los ecologistas optaron
por presentar cuatro enmiendas al
presupuesto después de haber sido el único
socio del Pacte que no fue consultado en la
elaboración del proyecto, según denunció
Buades. Pese a haber transcurrido cuatro
semanas desde el anuncio de las enmiendas y
el llamamiento público al presidente Antich
para que se sentara a negociar, Els Verds
no habían conseguido más que la callada por
respuesta. Mientras, aguantaban un
monumental chaparrón de críticas de sus
socios, incluido Antich.
El que
también trató de pescar en el río revuelto
de la polémica fue el portavoz del Grupo
Popular, Joan Flaquer. En su opinión, lo
ocurrido ayer pone de manifiesto que la
fuerza de Els Verds en el Pacte de Progrés
es «nula». El jefe de la oposición valoró
esta «derrota evidente» como un episodio
«significativo» de la prioridad que los
socios del Govern dan a mantener sus
poltronas frente al compromiso de ser
coherentes con sus planteamientos
políticos.