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  Miércoles, 18 de diciembre de 2002 Actualizado a las 00:50
 

Els Verds apoya los Presupuestos para evitar que destituyan a Margalida Rosselló aunque ya se plantea no reeditar el Pacte

Buades retira 3 de sus 4 enmiendas en el momento de la votación mientras Rosselló rechaza destinar los 750.000 euros que su compañero reclama para atender a los enfermos mentales pitiusos

  A D E M A S
 «O cambian o no apoyaremos al Pacte»
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MIQUEL FÈLIX

PALMA.— Al final no llegó la sangre al río. Els Verds decidieron retirar, en el último momento, tres de las cuatro enmiendas que el diputado Joan Buades había presentado al proyecto de presupuestos de la Comunidad Autónoma para el próximo año. Gracias a este «gesto de buena voluntad» —así lo definieron ellos— el presidente Antich no va a destituir a Margalida Rosselló como consellera de Medio Ambiente.

La última de las enmiendas, que solicitaba un extra de 750.000 euros para atender a los enfermos mentales de las Pitiüses, sólo recibió el apoyo de Buades. La consellera optó por votar en bloque junto al resto de partidos que prestan apoyo al Govern. De esta forma, la iniciativa no prosperó pese a contar con el oportuno respaldo del PP.

Rosselló, pues, rechazó un plan de salud mental en Eivissa y Formentera pese a que su partido había tachado de «vergüenza» que la enmienda no mereciera el apoyo del Pacte. Mientras, Buades calificó de «increíble» que sus propuestas no se hayan llegado a negociar.

El diputado también lamentó que sus compañeros de Esquerra Unida se hayan mantenido en silencio en toda esta polémica: «Es inconcebible que se callen cuando un compañero de coalición se la está jugando por defender propuestas ecologistas y sociales».

Pese a renunciar a las enmiendas en el momento de su votación, Els Verds quisieron defenderlas y propiciar el debate con el resto de fuerzas progresistas. Esto sirvió para evidenciar, una vez más, su enorme distanciamiento con los nacionalistas del PSM y, en menor medida, también del PSOE. Cuando llegó el momento de la retirada, Joan Buades se ganó los abucheos del Grupo Popular.

Antich, satisfecho

Tras ver cómo los ecologistas plegaban velas y decidían someterse a la disciplina del Pacte, Francesc Antich aparcó el enfado que había mostrado el lunes y expresó su satisfacción porque, a su entender, había prevalecido el «sentido común». «No me cabía en la cabeza una situación distinta y que la consellera votara en contra, estoy contento», sentenció.

Después de todo, el jefe del Ejecutivo atribuyó lo sucedido al clima de «nerviosismo preelectoral» que habría interferido en la «capacidad de diálogo y necesidad de actuar como un gobierno cohesionado» que, según su análisis, ha definido la acción de su gabinete desde 1999 hasta hoy.

Sobre el ultimátum a Margalida Rosselló para que rechazara las enmiendas si no quería ser cesada fulminantemente, el coordinador de Els Verds de Mallorca, Jordi López, fue tajante: «No hubiéramos aceptado un chantaje de Antich en esos términos, la decisión de retirar las enmiendas la hemos tomado libremente».

Las quejas de Sampol

El que no se dio por satisfecho con el gesto y siguió echando leña al fuego de la polémica fue el vicepresidente del Govern, Pere Sampol. Este recriminó a sus socios que «no se puede gobernar en contra de la gente» y les urgió a «corregir» este «problema».

Los ecologistas optaron por presentar cuatro enmiendas al presupuesto después de haber sido el único socio del Pacte que no fue consultado en la elaboración del proyecto, según denunció Buades. Pese a haber transcurrido cuatro semanas desde el anuncio de las enmiendas y el llamamiento público al presidente Antich para que se sentara a negociar, Els Verds no habían conseguido más que la callada por respuesta. Mientras, aguantaban un monumental chaparrón de críticas de sus socios, incluido Antich.

El que también trató de pescar en el río revuelto de la polémica fue el portavoz del Grupo Popular, Joan Flaquer. En su opinión, lo ocurrido ayer pone de manifiesto que la fuerza de Els Verds en el Pacte de Progrés es «nula». El jefe de la oposición valoró esta «derrota evidente» como un episodio «significativo» de la prioridad que los socios del Govern dan a mantener sus poltronas frente al compromiso de ser coherentes con sus planteamientos políticos.

 
   
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