ALEJANDRO
LORENTE
Especial para EL
MUNDO/El Día de
Baleares
BERLÍN.-El
escritor mallorquín Baltasar Porcel
calificó de enervante que «Mallorca sea
lugar de vacaciones del presidente del
gobierno, a quien nunca se le ha escuchado
hablar catalán, y del rey quién, habla y
entiende el catalán, pero nunca hace uso de
esta lengua en público», en un debate
celebrado en la berlinesa
Kulturbrauerei.
Porcel realizó estas
declaraciones en el marco de la mesa
redonda sobre el tema: Turismo y cultura en
las Islas Baleares, que tuvo lugar en la
capital alemana en el marco de las jornadas
culturales de «El Pont blau»; un debate
especialmente interesante al celebrarse en
la capital de Alemania, habida cuenta de la
enorme cantidad de turistas de esta
nacionalidad (cerca de 2,5 millones) que
visitan cada año las Islas Baleares.
En la mesa redonda participaron,
además de Porcel, el catalanófilo de la
Universidad de Frankfurt, Til Stegmann;
Cornelia Staudacher, autora de una guía
literaria mallorquina (Spaziergänge durch
das literarische Mallorca); Josep Moll, el
director de la Oficina del Gobierno Balear
en Berlín, y el periodista Joachim Fahrun,
del Berliner Morgenpost, que vivió dos años
en Mallorca, donde trabajó para el Mallorca
Magazine. El también periodista Martin
Paulus fue el moderador del debate.
Durante la mesa redonda, Baltasar
Porcel aseguró que la situación de la vida
cultural en la Mallorca de hoy es más que
dramática; el escritor describió una
«Mallorca atenazada desde el fin de la
guerra civil por la implantación forzosa
del castellano, así como por la imparable
llegada del turismo masivo, lo que produjo
un desleimiento cada vez mayor de la
población y lengua propias».
Según
Porcel, se ha producido un claro declive de
la actividad cultural autóctona desde
principios del siglo XX hasta la fecha
actual. «La rica literatura balear no
podría subsistir sin el mercado editorial
de Cataluña», aseguró.
El autor
mallorquín aun fue más lejos al asegurar
que de hecho, los suyos no sólo aceptan,
sino que les gusta esa situación de
indefensión en que se ven inmersos, sobre
todo ahora que están en minoría numérica.
Al respecto, Cornelia Staudacher
afirmó que el término de «Isla de la
calma», acuñado a comienzos del siglo XX
por el pintor y escritor catalán Santiago
Rusiñol ha quedado «pulverizado» por la
realidad actual de la isla.
Otros de
los temas a tratar en el debate celebrado
en Berlín fueron la polémica de la ecotasa
y la discriminación hacia los turistas.
El periodista Joachim Fahrun confesó
que nunca en su vida se había sentido tan
discriminado como en Mallorca, sin
posibilidad alguna de acceder a la vida
cultural de la isla y lamentó las trabas
que se encuentran para adentrarse a un
universo cultural a su modo de ver
estancado. Fahrun dio un toque polémico al
debate al asegurar que los escritores de
todo el mundo que fueron en la década de
los 30 a la isla no lo hicieron por la vida
cultural, sino porque era un lugar hermoso
y barato. Ahora, aseguró Fahrun, los
mallorquines viven, y muy bien, del
turismo. Porcel replicó a estas palabras
que «no sólo son los mallorquines los que
viven del turismo, sino también todos los
demás».
Sobre el polémico asunto de
la ecotasa, el director de la Oficina del
Govern Balear en Berlín, Josep Moll,
comentó que había una confusión idomática,
ya que en Alemania se tradujo este término
por Ökosteuer, o sea impuesto ecológico, lo
que en absoluto se ajustaría al sentido
literal de la ecotasa, que no es otro que
el de reparar de la manera más directa
posible los daños ocasionados al medio
ambiente por el turismo.
Para
Fahrun, la ecotasa no es el problema, ya
que los alemanes sin medios no van a dejar
de ir a Mallorca por este incremento de los
costes de vacaciones, ya que ya hace tiempo
que estos optaron por otros destinos
turísticos como Bulgaria. El periodista
alemán se mostró convencido de que
eliminando el turismo masivo, a la luz de
la tendencia actual de fomentar el turismo
cultural y rural en detrimento del masivo,
no se le haría ningún favor a la actividad
cultural de la isla.