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  Domingo, 22 de septiembre de 2002 Actualizado a las 23:56
 

Leonor March y Jaime Rosales firman la boda del año en s'Avall

Alrededor de 500 invitados acudieron a la ceremonia religiosa que se celebró al aire libre en los jardines de la finca mallorquina


MAR DEL VALLE

PALMA.- La finca mallorquina de s'Avall fue ayer el escenario del enlace matrimonial de Leonor March Juan, de 24 años, hija de Juan March Delgado y María Antonia Juan, con Jaime Rosales de Fontcuberta, de 32 años, hijo de una conocida familia barcelonesa. Alrededor de 500 invitados acudieron a la ceremonia religiosa, que comenzó puntual, a las 19.30 horas, y sin ningún contratiempo de última hora.

El ex ministro de Asuntos Exteriores, Abel Matutes, fue de los más tempraneros. Hizo acto de presencia con cuarenta y cinco minutos de antelación, en el interior de un imponente Audi gris, que cruzó a toda velocidad la entrada a la monumental residencia.

Un importante despliegue de seguridad estaba instalado nada más cruzar la verja de la finca, confirmando la presencia de cada uno de los invitados. La mayor afluencia de gente se produjo cuando se cumplían las siete de la tarde. El goteo de automóviles de lujo, taxis y vehículos de alquiler era constante. A través de sus ventanas, se vislumbraban deslumbrantes vestidos, elegantes peinados, trajes impecables y un gran número de jóvenes invitados.

Cuatro colles de xeremiers amenizaban la llegada escalonada de los invitados, quienes iban dejando las llaves de sus automóviles a un servicio de aparcacoches, habilitado para la especial ocasión.

Ceremonia al aire libre

La ceremonia se celebró al aire libre, en los jardines de s'Avall. La novia, vestida con un sencillo traje en color crudo, perteneciente a su madre, salió de una de las casas cogida del brazo de su padre, Juan March Delgado. Impaciente y emocionado, le esperaba el novio, ataviado con el clásico chaqué. En el transcurso de la ceremonia, una coral universitaria interpretaron la melodía mallorquina L'estrella de l'auba y algunas piezas de Bach.

Mientras tanto, los invitados siguieron llegando hasta pasadas las 20.30 horas, momento en el que apareció Alfonso Cortina, que fue el más retrasado.

Entre las personas invitadas que se dieron cita ayer por la tarde en la finca de los March, se encontraban el ex ministro de Asuntos Exteriores, Abel Matutes; el director del Centro Nacional de Inteligencia, antiguo CESID, Jorge Dezcallar; la familia Domecq; Jesús Polanco, presidente del grupo Prisa, y su mujer Mari Luz Barreiros; el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez y su esposa, Pitina; el presidente de «la Caixa», José Francisco Conrado de Villalonga; el sobrino del Rey, Beltrán Gómez Acebo; Gabriel Escarrer, presidente del grupo hotelero Sol-Melià; el presidente del Corte Inglés, Isidoro Alvarez; Javier Godó, dueño de La Vanguardia; el prestigioso arquitecto Miquelo Oriol; Alfonso Fierro; los marqueses de Vilanova i la Geltrú, los duques de Ahumada y la condesa de Carvajal.

Por lo que se refiere a la representación local, numerosos representantes de las familias emparentadas con los March y amigos suyos acudieron al enlace: los Delgado, los Juan, Juan de Senmenat, Miquel Juan Garau, el marqués del Verger, Antonio y Nita Alemany, Carlos Ferret, Gabriel Lladó, Alfonso Ballesteros y Jaime Enseñat, entre otros.

Tras la ceremonia religiosa, se celebró el banquete, que tuvo lugar bajo una carpa instalada junto al jardín de cactus, el cual, si de día es digno de verse, de noche, colosalmente iluminado, ofrece un escenario insuperable.

De la ornamentación de la carpa se ocupó el experto francés Pierre Celeyron, un experto internacional en la organización de grandes banquetes, que ya se ocupó de la fiesta celebrada años atrás, en el Palacio March de Madrid, con motivo de las bodas de plata de los March Juan. La cena, servida por el prestigioso restaurante Jockey de Madrid, se compuso de bola de foie con gelatina, pintada y, en sustitución de la tradicional tarta nupcial, un surtido de postres variados.

Familias nobles

La novia, Leonor March Juan Delgado Garau, es la tercera de los cinco hijos de Juan March y María Antonia Juan. Tras licenciarse en Biología, realiza en la actualidad estudios de Historia del Arte.

El resto de la familia se compone de Carmen, licenciada en Historia y Geografía, que se dedica al negocio de la moda y es propietaria de la tienda de ropa Egotherapy en Madrid junto con Juanjo Oliva. María, licenciada en Interpretación y traducción. Catalina, estudiante de 4º de Arquitectura. Y Juan, estudiante de 2º de CUNEF.

Por su parte, el novio, Jaime Rosales de Fontcuberta, hijo único de José Rosales Arquer y Nuria de Fontcuberta Samar, de profesión director de cine, pertenece a la más antigua y adinerada nobleza de Barcelona, principalmente por los linajes Fontcuberta y Samar, que cuentan con varios títulos nobiliarios en su haber y poseen numerosas y emblemáticas masías y propiedades en Cataluña. Los Rosales de Fontcuberta viven a caballo entre Barcelona y París, ciudad esta última donde la familia dispone de una casa heredada de unos antepasados.

Tras completar sus estudios de cinematografía en la Escuela de Cine de La Habana, Jaime Rosales, de 32 años, ha realizado diversos cortos y acaba de terminar el rodaje de su primera película larga.

El traje de la novia

En toda boda, uno de los secretos mejor guardados de la novia es el vestido, pero en esta ocasión se conocían bastantes detalles del mismo. Leonor March decidió vestir con el traje de su madre, realizado con encajes de aplicación de Bruselas del siglo XVIII, pertenecientes a la colección de encajes antiguos de Carmen Delgado y confeccionado en su día en Barcelona por la firma Santa Eulalia.

La particularidad de estos encajes es que ya en su origen tenían forma de falda por lo que su adaptación al vestido resultó perfecto. No fue el único detalle sentimental. El tocado, por su parte, se sujetaba con varias horquillas de principios del XIX, realizadas en oro, esmalte y perlas, propiedad de su bisabuela materna, Luisa Serra, que también utilizó su madre el día de su boda.

Dado el valor del vestido y que es costumbre de nuestros días que los novios pasen la noche de bodas bailando hasta altas horas de la madrugada junto a los invitados, Leonor dejó los encajes en el armario y se puso otro atuendo que le permitiera moverse con más comodidad por la pista de baile. En este caso, el traje no era de su madre, ni de ninguna abuela o bisabuela, sino de estreno.

 
   
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