MAR DEL VALLE
PALMA.- La
finca mallorquina de s'Avall fue ayer el
escenario del enlace matrimonial de
Leonor March Juan, de 24 años, hija
de Juan March Delgado y María
Antonia Juan, con Jaime Rosales de
Fontcuberta, de 32 años, hijo de una
conocida familia barcelonesa. Alrededor de
500 invitados acudieron a la ceremonia
religiosa, que comenzó puntual, a las 19.30
horas, y sin ningún contratiempo de última
hora.
El ex ministro de Asuntos
Exteriores, Abel Matutes, fue de los
más tempraneros. Hizo acto de presencia con
cuarenta y cinco minutos de antelación, en
el interior de un imponente Audi gris, que
cruzó a toda velocidad la entrada a la
monumental residencia.
Un importante
despliegue de seguridad estaba instalado
nada más cruzar la verja de la finca,
confirmando la presencia de cada uno de los
invitados. La mayor afluencia de gente se
produjo cuando se cumplían las siete de la
tarde. El goteo de automóviles de lujo,
taxis y vehículos de alquiler era
constante. A través de sus ventanas, se
vislumbraban deslumbrantes vestidos,
elegantes peinados, trajes impecables y un
gran número de jóvenes
invitados.
Cuatro colles de
xeremiers amenizaban la llegada
escalonada de los invitados, quienes iban
dejando las llaves de sus automóviles a un
servicio de aparcacoches, habilitado para
la especial ocasión.
Ceremonia al
aire libre
La ceremonia se
celebró al aire libre, en los jardines de
s'Avall. La novia, vestida con un sencillo
traje en color crudo, perteneciente a su
madre, salió de una de las casas cogida del
brazo de su padre, Juan March Delgado.
Impaciente y emocionado, le esperaba el
novio, ataviado con el clásico chaqué. En
el transcurso de la ceremonia, una coral
universitaria interpretaron la melodía
mallorquina L'estrella de l'auba y
algunas piezas de Bach.
Mientras
tanto, los invitados siguieron llegando
hasta pasadas las 20.30 horas, momento en
el que apareció Alfonso Cortina, que
fue el más retrasado.
Entre las
personas invitadas que se dieron cita ayer
por la tarde en la finca de los March, se
encontraban el ex ministro de Asuntos
Exteriores, Abel Matutes; el director del
Centro Nacional de Inteligencia, antiguo
CESID, Jorge Dezcallar; la familia
Domecq; Jesús Polanco,
presidente del grupo Prisa, y su mujer
Mari Luz Barreiros; el presidente
del Real Madrid, Florentino Pérez y
su esposa, Pitina; el presidente de
«la Caixa», José Francisco Conrado de
Villalonga; el sobrino del Rey,
Beltrán Gómez Acebo; Gabriel
Escarrer, presidente del grupo hotelero
Sol-Melià; el presidente del Corte Inglés,
Isidoro Alvarez; Javier Godó,
dueño de La Vanguardia; el prestigioso
arquitecto Miquelo Oriol; Alfonso
Fierro; los marqueses de Vilanova i
la Geltrú, los duques de Ahumada
y la condesa de Carvajal.
Por
lo que se refiere a la representación
local, numerosos representantes de las
familias emparentadas con los March y
amigos suyos acudieron al enlace: los
Delgado, los Juan, Juan de
Senmenat, Miquel Juan Garau, el
marqués del Verger, Antonio y
Nita Alemany, Carlos Ferret, Gabriel
Lladó, Alfonso Ballesteros y Jaime
Enseñat, entre otros.
Tras la
ceremonia religiosa, se celebró el
banquete, que tuvo lugar bajo una carpa
instalada junto al jardín de cactus, el
cual, si de día es digno de verse, de
noche, colosalmente iluminado, ofrece un
escenario insuperable.
De la
ornamentación de la carpa se ocupó el
experto francés Pierre Celeyron, un experto
internacional en la organización de grandes
banquetes, que ya se ocupó de la fiesta
celebrada años atrás, en el Palacio March
de Madrid, con motivo de las bodas de plata
de los March Juan. La cena, servida por el
prestigioso restaurante Jockey de Madrid,
se compuso de bola de foie con gelatina,
pintada y, en sustitución de la tradicional
tarta nupcial, un surtido de postres
variados.
Familias
nobles
La novia, Leonor March
Juan Delgado Garau, es la tercera de los
cinco hijos de Juan March y María Antonia
Juan. Tras licenciarse en Biología, realiza
en la actualidad estudios de Historia del
Arte.
El resto de la familia se
compone de Carmen, licenciada en Historia y
Geografía, que se dedica al negocio de la
moda y es propietaria de la tienda de ropa
Egotherapy en Madrid junto con Juanjo
Oliva. María, licenciada en Interpretación
y traducción. Catalina, estudiante de 4º de
Arquitectura. Y Juan, estudiante de 2º de
CUNEF.
Por su parte, el novio, Jaime
Rosales de Fontcuberta, hijo único de José
Rosales Arquer y Nuria de Fontcuberta
Samar, de profesión director de cine,
pertenece a la más antigua y adinerada
nobleza de Barcelona, principalmente por
los linajes Fontcuberta y Samar, que
cuentan con varios títulos nobiliarios en
su haber y poseen numerosas y emblemáticas
masías y propiedades en Cataluña. Los
Rosales de Fontcuberta viven a caballo
entre Barcelona y París, ciudad esta última
donde la familia dispone de una casa
heredada de unos antepasados.
Tras
completar sus estudios de cinematografía en
la Escuela de Cine de La Habana, Jaime
Rosales, de 32 años, ha realizado diversos
cortos y acaba de terminar el rodaje de su
primera película larga.
El traje
de la novia
En toda boda, uno de
los secretos mejor guardados de la novia es
el vestido, pero en esta ocasión se
conocían bastantes detalles del mismo.
Leonor March decidió vestir con el traje de
su madre, realizado con encajes de
aplicación de Bruselas del siglo XVIII,
pertenecientes a la colección de encajes
antiguos de Carmen Delgado y confeccionado
en su día en Barcelona por la firma Santa
Eulalia.
La particularidad de estos
encajes es que ya en su origen tenían forma
de falda por lo que su adaptación al
vestido resultó perfecto. No fue el único
detalle sentimental. El tocado, por su
parte, se sujetaba con varias horquillas de
principios del XIX, realizadas en oro,
esmalte y perlas, propiedad de su bisabuela
materna, Luisa Serra, que también utilizó
su madre el día de su boda.
Dado el
valor del vestido y que es costumbre de
nuestros días que los novios pasen la noche
de bodas bailando hasta altas horas de la
madrugada junto a los invitados, Leonor
dejó los encajes en el armario y se puso
otro atuendo que le permitiera moverse con
más comodidad por la pista de baile. En
este caso, el traje no era de su madre, ni
de ninguna abuela o bisabuela, sino de
estreno.