MARCOS TORÍO
Novelista, ensayista y guionista de cine, Carlos Fuentes es toda una institución en el mundo de las letras y del pensamiento. Acaba de regresar a Mallorca «como todos los años» y esta tarde, a las 20.30 horas, inaugura en la sala de actos del Club Pollença la tercera edición del proyecto Futurisme que lleva por título Memòria: globalitat i identitat.
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El escritor mexicano abre, hoy, el ciclo con la conferencia Globalidad, localidad: realidad y legalidad. Ayer, en la presentación de Futurisme, junto al conseller Celestí Alomar, el ganador del Premio Cervantes en 1987 habló de mestizaje, globalización, el nuevo siglo o el papel de la información, no sin antes señalar que no haría «comentarios sobre la política interior o exterior de España».
«Los movimientos antiglobalización han tenido un gran efecto. Han señalado los límites, los defectos y las posiblidades de una auténtica globalización que, hoy por hoy, está considerada sólo financiera. El 95 por ciento de los 3.000millones de dólares que circulan en los mercados financieros se invierten en actividades especulativas y no, productivas» explicó Fuentes señalando los efectos negativos de una economía dominada por Estados Unidos, «la única gran potencia existente que, además, se niega a colaborar en la creación de medidas y de un sistema político que gobierne a la globalización».
El creador de novelas como Terra Nostra o Gringo Viejo ve la situación de primacía absoluta y exclusiva de Estados Unidos en el orden mundial como «algo muy peligroso y sólo corregible mediante el pueblo, ya que, no existe otra gran potencia que le haga contrapeso».
No pasó por alto los sucesos del pasado 11 de septiembre y declaró que «Bin Laden hizo un gran favor a George Bush con su ataque y dio sufrimiento al pueblo».
El escritor recordó la «gran solidaridad creada en todo el mundo ante estos hechos que el gobierno de Bush ha malgastado con una política unilateral» explicitada estos días por su Consejera de Seguridad al decir que «aquí lo único que cuenta son los intereses nacionales de Estados Unidos» y agregar que los derechos internacionales «son una utopía que no nos concierne».
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«Soy pesimista sobre el futuro del mundo en el siglo XXI» explicó al tiempo que reflexionó sobre los descalabros sufridos por la política de izquierdas en toda Europa. «La izquierda debe plantearse su nueva situación ante el mundo globalizado, que es todo un desafío», sentenciaba el vencedor del Premio Príncipe de Asturias de las letras en 1994.
La globalización, en sus palabras, ha tenido como efecto positivo «la expansión de la información, gracias a la cual, es difícil que, hoy, los dictadores a la sombra se sigan escondiendo, aunque, negativamente, se informa en exceso de la banalidad, que sólo enmascara los hechos».
«Aquí leo como en ninguna parte, devoro novelas» contaba Fuentes cuando dijo «restaurarse» en Mallorca de la que le atrae «su belleza, su cocina y sus mares limpios».
Orgulloso de los sucesores del boom latinoamericano, se confesó admirador de la llamada «Generación del crack», entre los que destacan autores como Ignacio Padilla o Cristina Rivera.
Su entusiasmo por la prosa de los nuevos narradores contrasta con el escepticismo e ironía que mantiene respecto a las adaptaciones que de sus novelas ha hecho el séptimo arte. «Soy un gran amante del cine, pero mis libros no se adaptan fácilmente. El cine y la literatura no se llevan bien, uno es una experiencia visual y la otra más propia de la imaginación. No puede haber una buena película de El Quijote».
Pese a todo, desde su punto de vista como lector y guionista, el autor de Cambio de piel o Valiente mundo nuevo dijo admirar «las películas que traicionan a la novela para convertirse en grandes obras de cine».