Se confunde a menudo el acto de
construir con el concepto de arquitectura,
lo cual demuestra una visión muy simplista
y demasiado concreta del fenómeno, cuya
trascendencia va mucho más allá de la que
le otorgan a esta disciplina algunos
sectores sociales ajenos a la universidad.
Sin embargo, muy lejos de esta visión
meramente empresarial y/o mercantilista, la
Arquitectura deviene un fenómeno mucho más
complejo, en el cual intervienen muchas
otras disciplinas tales como las del campo
de las humanidades (historia, urbanismo,
sociología, filosofía, estética, arte), o
las del campo de la ciencia (matemáticas,
física, geografía, geología), o las del
campo de la tecnología (aplicada a los
sistemas constructivos, sistemas
energéticos), así como en el campo de la
investigación (estudio de nuevos
materiales, nuevas propuestas y demandas
sociales). Por lo tanto podemos decir que
representa el máximo exponente cultural de
una sociedad, e indicador de su grado de
desarrollo tecnológico. Seguramente por
ello resulta sumamente difícil definir o
delimitar este concepto.
Podríamos
estar más o menos de acuerdo con la
siguiente definición abstracta de
Arquitectura como aquel resultado de la
interacción del hombre con el espacio y su
contenido, pero todos estamos de acuerdo en
que estos tres parámetros (hombre, espacio
y su contenido), dadas las características
de nuestra Comunidad Autónoma son limitados
o a lo sumo deberían serlo, y muy en
especial en lo que se refiere al
crecimiento de la población.
Así
pues, la UIB no puede mantenerse al margen
de la ya insostenible presión del sector
inmobiliario, sobre este fenómeno
globalizador que deviene la Arquitectura
como disciplina al servicio de la sociedad,
sustentándose este sector en poderes
fácticos que no entienden o no quieren
entender de desequilibrios culturales,
sociales y territoriales.
Pienso,
pues, que no debemos buscar justificaciones
para introducir esta disciplina en la
formación universitaria de nuestros
profesionales, ya que muchas otras
comunidades autónomas con características
similares a la nuestra ya las han
encontrado mucho antes (Canarias), y no
debemos, los profesionales, recelar de un
exceso de competencia, ya que ésta nos
vendrá de fuera. Debemos plantear dichos
estudios como una forma de promocionar e
impartir nuestros conocimientos, y tan sólo
buscar argumentos que nos permitan imbricar
esta disciplina y todas las que derivan de
ella y la generan, en lo más profundo de la
epidermis de nuestra sociedad, eso sí, de
mano de la universidad, y sin más demora,
si queremos un desarrollo cultural completo
o una identidad propia como país,
eliminando progresivamente otras formas o
modos de distinto talante al que
exponemos.
Fundamentalmente podríamos
establecer dos grandes bloques de
argumentos para la consecución de dicho
objetivo: el argumento social y el
argumento universitario.
El primero,
el argumento social parte de una realidad
que no podemos eludir y que ha ido
conformando (o deformando) a nuestra
comunidad. Es sabido que el turismo
históricamente ha sido una actividad
empresarial consumidora de territorio, que
se ha nutrido del medio ambiente; en
particular del sol, la playa y del
territorio, dirigido a las masas en un
primer estadio. Y en estadios sucesivos,
hacia una diversificación de turismo de
calidad y con mayores inquietudes
culturales y de paisaje que tiende a
consumir el territorio que resta en el
interior con el denominado turismo en medio
rural, y el turismo de aventura, aunque
mucho peor resulta el turismo residencial
que ha sobrepasado los limites
anteriores.
Por otra parte el turismo
deviene el motor del sector inmobiliario en
cuanto es una actividad capaz de
incrementar la población de las zonas
turísticas o no, al menos en periodos
estacionales, en proporciones superiores al
100%, por lo que la demanda de superficie
construida necesaria se dispara. De ahí la
importancia que tiene lograr la
desestacionalización del turismo, sacando
de este modo el máximo rendimiento a las
industrias turísticas, en términos de
ocupación por metro cuadrado y día, y de
eficacia de sus instalaciones, resultando
de este modo una actividad sostenible en
mayor medida.
De todo ello se hace
eco la Comunidad Europea aplicando
programas y desarrollando planes de los que
cabe destacar para el tema que nos ocupa el
Plan Viola sobre los problemas de
las regiones insulares, en el que se
propone entre otros muchos temas y
estrategias relacionadas directamente o
indirectamente con el sector de la
construcción, «desarrollar actividades
empresariales distintas a la del turismo
así como se diversifiquen las actividades
turísticas, y durante la temporada baja las
estructuras hoteleras podrían convertirse
en sedes preuniversitarias, laboratorios de
arquitectura vinculados a las empresas
continentales que estudien las
repercusiones de un urbanismo en expansión,
y asesoren a los municipios sobre el
desarrollo armonioso de los planes de
ordenación».
Reglamentos como el
1836/93 de 29 de junio de 1993, por el que
se permite a las empresas del sector
industrial se adhieran con carácter
voluntario a un sistema comunitario de
gestión y auditorías medioambientales.
Auditorías, éstas, que requieren equipos
multidisciplinares afines a la arquitectura
con una formación que abarca disciplinas
tan diversas como: la ecología, la
biología, las nuevas tecnologías en el
campo de las energías alternativas (una
industria, cuando menos en la fabricación
de sus componentes, no contaminante que
podría diversificar la del turismo)
aplicadas a las instalaciones de los
edificios, determinando su diseño; sistemas
racionales de consumo y producción de
energía, agua y minimización de la
contaminación acústica etc. Todo ello para
la consecución de un desarrollo sostenible
en nuestro sector empresarial.
Otra
forma de hacer más sostenible la actividad
empresarial del sector, pasa también por la
expansión del turismo hacia fuera de
nuestras fronteras (ya se conocen algunas
tentativas en el caribe y en los países del
Este), a la que le seguiría el sector de la
construcción así como todas las nuevas
tecnologías generadas por él, que se
desarrollarían dentro de nuestra
universidad para luego ser exportadas al
exterior dentro del marco de la
sostenibilidad, dándole proyección mundial
a la UIB, y el consiguiente incremento de
prestigio.
En el plano regional,
hemos padecido más que disfrutado de
actuaciones enmarcadas dentro de las
Conselleries de Turismo y Fomento como son
el Pla Mirall y el Pla
d'Embelliment de las zonas turísticas,
que inciden directamente sobre el
patrimonio arquitectónico sin contemplar,
hasta ahora, ningún criterio de carácter
estético, de imagen, o de coherencia
arquitectónica, efecto potenciado por el
vacío cultural que existe en nuestra
sociedad en este campo. En una iniciativa
tan importante como es la redacción del
plan de ordenación del territorio, con sus
planes territoriales insulares, sus planes
directores sectoriales y sus planes de
ordenación del medio natural, al igual que
la adaptación de los instrumentos
convencionales de planeamiento urbanístico
a los mismos, sin que para ello nos hagan
falta empresas continentales con sus
propios técnicos ajenos a la realidad
local. Todo ello no puede darse sin la
intervención directa de la universidad y
mediante una Escuela de Arquitectura que la
represente, con un programa, aunque global,
adaptado a las necesidades concretas de
nuestra comunidad, tomando en consideración
la rehabilitación de los cascos antiguos,
la reconversión de edificios obsoletos y su
demolición para ser sustituidos por zonas
verdes (esponjamiento) según preconiza el
POOT (Plan de Ordenación de la Oferta
Turística) para el sector
turístico.
En cuanto al argumento
universitario, aunque pienso podría
desarrollarse con mayor profundidad desde
la propia UIB, paso a plantear algunos
puntos de interés: por una parte la
coincidencia con disciplinas existente
actualmente en la UIB que son comunes al
contenido de la carrera de Arquitectura
Superior y que por lo tanto podrían ser de
aplicación directa, sin necesidad de
crearlas de nuevo como podrían ser: la
Historia, el Urbanismo, la Geografía, la
Geología, el Arte y la Estética, las
Matemáticas, el Dibujo y otras muchas. Por
otra, la asimilación de las disciplinas
aplicadas que inciden indirectamente sobre
el desarrollo de los estudios de
arquitectura, como son la informática y sus
aplicaciones: realidad virtual para la
animación de espacios en proceso de
proyecto, el diseño asistido por ordenador,
y sus aplicaciones al estudio de la
geometría descriptiva, al igual que la
domótica que integra la informática y la
tecnología, etc.
La creciente demanda
de estudios por parte de nuestra sociedad,
que se desprende de la continua afluencia
de estudiantes de arquitectura hacia
diferentes universidades españolas, no
puede quedar sin respuesta por parte de un
organismo que está a su servicio, y todo
ello sumado a la creciente demanda de
estudiantes extranjeros que estarían
dispuestos a cursar sus estudios de
arquitectura en nuestra universidad (en el
boletín informativo del COAB salen
continuas demandas de estudiantes
extranjeros que desean cursar a lo sumo su
curso de posgraduado o prácticas en nuestra
comunidad). Sin menospreciar la creciente
demanda de estudiantes procedentes de otras
comunidades autónomas saturadas y
masificadas en este campo. Estudiantes
todos ellos que pasarán a engrosar el
número de visitantes en temporada baja y
por ende colaborarán en desestacionalizar
nuestra planta hotelera.
Por último,
la tutela de la Universidad, con criterios
imparciales, científicos, teóricos, y
globalizadores de la intervención del
«hombre» sobre el «espacio» mediante las
herramientas de la «Arquitectura» (la
edificación, la arquitectura paisajista, el
urbanismo, la estética, los planeamientos,
la técnica, y la tecnología) y el buen uso
de su «contenido», es la única garantía, no
cabe duda, para la sostenibilidad social,
cultural y territorial de nuestra
comunidad.
Antoni Borràs
Seguí es
arquitecto
home@arquired.es