MAR DEL VALLE
PALMA.- Tras
once años viviendo en Mallorca, el pintor
Vicente Pascual (Zaragoza, 1955) decidió
que ya había cumplido un ciclo como artista
en la isla y que necesitaba rodearse de un
ambiente menos maternal, donde el paso de
las estaciones fuera más riguroso. Por
ello, en 1992 fijó su residencia en Indiana
(EE.UU.), aunque desde 1999 vive en
Washington.
Este traslado supuso un
cambio sustancial en su manera de entender
el arte, evolución que él define como «una
respuesta a lo que te vas encontrando en la
vida, pero donde los principios iniciales
siguen estando presentes».
Con la
intención de mostrar la trayectoria
creativa de Pascual, el Casal Solleric de
Palma, en colaboración con la Caja de
Ahorros del Mediterráneo (CAM), ha
organizado una exposición retrospectiva en
torno a la producción más representativa
del artista zaragozano. La inauguración
tendrá lugar esta tarde a partir de las
20.00 horas y se podrá visitar hasta el
próximo 11 de septiembre.
Comisariada
por Carme Llull y Margalida Tur e integrada
por cuarenta piezas, la muestra propone una
exhaustiva revisión del trabajo realizado
por este pintor entre los años 1991 y 2002.
Dos paisajes simbólicos pintados durante su
último año de residencia en Mallorca
constituyen el punto de partida de esta
exposición, que, además, se nutre de
geometrías y formas extremadamente austeras
propias de sus creaciones más actuales.
«Las dos obras iniciales no hacen
referencia a ningún sitio concreto, son
paisajes interiores expresados en el
lienzo. Cuando me trasladé a vivir a
Indiana la forma del paisaje dejó de tener
interés para mí y me atrajo el simbolismo
de los pueblos primitivos», comentó Pascual
ayer durante la presentación de la
retrospectiva.
De esta forma, la
geometría, fundamentada en el estudio del
círculo, y la búsqueda del equilibrio se
han convertido en los rasgos más
representativos de su producción artística
reciente.
Esfuerzo del
espectador
Esta simplicidad
temática y cromática -no en vano, en los
últimos tres años sólo ha utilizado tonos
ocres y tinta japonesa- obedece al contacto
directo con la capital estadounidense.
Pascual reconoció que «el ambiente externo
afectó mi modo de expresar el mensaje,
puesto que era una ciudad de aspecto muy
caótico»
No obstante, el artista
zaragozano no pretende comunicar nada, sino
manifestar una idea arquetípica. Ante todo,
quiere dejar claro que su obra «requiere un
esfuerzo por parte del espectador para que
penetre en ella y encuentre las
sutilezas».
No ha planteado su
pintura como un acto de comunicación
social, sino que es «un trabajo sobre mí
mismo en el cual en la medida en que está
logrado, el espectador puede
participar».
En la actualidad,
Vicente Pascual se halla inmerso en la
creación de ocho murales para el Aeropuerto
de Baltimore con cerámicas reproducidas
digitalmente.