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  Sábado, 27 de abril de 2002 Actualizado a las 23:56
 

LA MIRADA - MIQUEL BARCELO
Los excluidos de la sanidad


Vivo en una barriada vecina del polígono Can Valero. Hace dieciséis años era un sitio tranquilo, orientado al sur, con un erial como terreno en el que sembramos pinos y encinas. Con el tiempo nos han ido cambiando el paisaje. Primero reconvirtieron una vecina finca rural en terreno industrial. Donde antes sólo oíamos pájaros, ahora oímos el estruendo de la prensa mientras engulle utilitarios para convertirlos en paquetes de hierro. La chatarrería en cuestión empezó a funcionar en las fechas en que entró el Pacte. Recuerdo que hará pronto tres años, un vecino de unos 50 años, barba gris, macuto de piel en bandolera y tejanos abrochados por debajo de la barriga sentenció: «Margarita Roselló lo arreglará....».

Nuestro president ya no habla de utopías. «Utopia» era para Antich, el «Paña va bien» de Aznar. El pacte era la esperanza de una política diferente. Es muy probable que dentro de un año el pacte gane de nuevo las elecciones; pero esta vez no será el voto de la esperanza ni la ilusión. Esta vez, como en Francia dentro de poco, ganará el voto del miedo; porque somos muchos los que tenemos pánico a que sigan haciéndose ricos construyendo túneles, que se compren votos en Argentina o que se termine parcelando definitivamente nuestra isla. Como muchos franceses, votaremos a cualquier Chirac.

Perdonen el preámbulo. Pero mi intención era la de hablarles del Hospital General. Contarles que en los 23 años que llevo trabajando allí, desde mi atalaya de funcionario, he visto discurrir a 5 consellers y 7 directores. Pero nunca había habido tantos gestores.

Nuestro pacte ha dispuesto 12 puestos de dirección. En su mayoría son ex compañeros que han ido metamorfoseándose en duendes misteriosos que sueñan con tener subjefecillos, disponer de secretaria y poseer tres teléfonos (dos encima de la mesa... y el móvil). Y que se han empeñado en diseñar barcas con más timoneles que remeros. Muchos creemos que, con una monja que mandase y un director que firmase, sería más que suficiente. Definitivamente la burocracia es el tampax de la izquierda. Han reconvertido el Hospital en un centro sociosanitario, nadie duda de su necesidad, pero existía la alternativa de un Hospital Militar, vacío de enfermos desde hace más de un año. Muchos pensamos que los recursos sociosanitarios nunca deberían haberse puesto en marcha sin antes haber solucionado la atención a los enfermos agudos. Dentro de poco tendremos en nuestra comunidad unos enfermos sociosanitarios con habitación individual, aire acondicionado y menú a la carta, mientras los enfermos de Son Dureta yacerán apiñados en habitaciones comunes y seguirán hacinados en una camilla de urgencias esperando habitación. Les cuento lo que el otro día me comentó una amiga a propósito de su experiencia «almodovariana» en Son Dureta: «Al fin, después de estar dos días en un pasillo de Urgencias subí a una anhelada y compartida habitación del cuarto piso: «Al principio me costaba acostumbrarme a las miradas curiosas que me hacían a través de la ventana; pero al final nos hicimos amigos; y mientras seguían arreglando la fachada, yo les guardaba los bocadillos...». No les niego el matiz de nostalgia que pesa sobre este artículo. El Hospital era especial. Además de funcionar durante años como Hospital de Sector era un centro de referencia para los marginados de las islas. No tan sólo era el hecho de su privilegiada ubicación en el centro de Palma, ni que fuese vecino de Sa Placeta y Hospital de Nit lo que le proporcionaba una clientela añadida en busca de remedios inexistentes. Desde que lo conozco, el Hospital atendía a una clientela de excluidos: Toxicómanos que acudían con el mono, intoxicados por alcohol, etc... Desde hacía un tiempo, a éstos, se les habían añadido unos nuevos excluidos, los inmigrantes sin papeles. ¿Dónde irán a parar, a partir de ahora, estos orates dados de alta del Psiquiátrico, estos toxicómanos residuales; en fin, estos excluidos en general? Les han robado su centro de referencia.

El sábado pasado sólo 8 enfermos fueron atendidos en Urgencias, y el domingo, 6. Uno creía que el pacte, desde una supuesta solidaridad, siempre presumida por la izquierda, reforzaría el papel de este centro. Cuando uno pensaba que, por ejemplo, había llegado la hora de dispensar heroína a los toxicómanos sin solución (no olvidemos, que en Andalucía, donde funcionará dentro de muy poco un Programa de Mantenimiento con Heroína ha basado su demanda en que un 25% de sus toxicómanos se inyecta la heroína, en Baleares llegamos al 75%). Pues en estos días de luto por nuestro Hospital, un rumor se esparce, dicen que los políticos de la esperanza, los del pacte, han decidido que el edificio de Consultas Externas donde se podría ubicar un programa similar al de Andalucía, se reconvertirá en un edificio de oficinas para los burócratas de «gesma». Estas mismas voces nos anuncian que van a invertirse más de mil millones de pesetas en el Hospital, otros 500 millones para el Hospital J. March y otros mil millones para dejar el Psiquiátrico como los chorros del oro. Los excluidos, para este Govern, evidentemente no existen.

Miquel Barceló es médico.

 
   
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