BARTOMEU HOMARPALMA.- La Associació
d'Escriptors en Llengua Catalana, a través
de su Junta Territorial a les Illes,
entregó ayer los premios Cavall Verd, que
esta año han llegado a su décimonovena
edición.
En esta ocasión han sido
galardonados Jordi Pàmias i Grau, que
recibió el Premi 'Josep Maria Llompart' de
Poesia; Manuel Forcano i Aparicio, con el
Premi 'Rafael Jaume' de traducción poética;
y Quim Monzó, que se hizo acreedor del
Premi dels Escriptors Catalans, a la
trayectoria de un autor.
Los actos de
celebración tuvieron lugar en Binissalem.
En Can Sabater, la Casa Museu Llorenç
Villalonga, tuvo lugar la mesa redonda en
torno a la figura de Bernat Vidal i Tomàs,
en la que participaron Joan March, Bernat
Joan Marí, Francesc Moll y Josep Ballester,
moderados por Cèlia Riba. Los ponentes
recordaron la figura del poeta de Santanyí
en un intento de rescatarlo del olvido en
el que parece haber caído en las últimas
décadas. El recuerdo de Bernat Vidal se
completará con una excursión hoy por las
tierras y la costa de Santanyí.
La
entrega de los premios tuvo lugar en Can
Gelabert, que fue la casa de Llorenç Moyà.
La ceremonia contó con la actuación de la
compañía Teatre de Què, que ofreció un
recital poético.
Jordi Pàmias, que ha
sido galardonado por su libro Narcís i
l'altre, explicó que éste se compone de «40
poemas, sin rima y con diferentes medida.
Los dos temas fundamentales del libro son
Narcís, que se enamora de si mismo, y el
amor, la apertura hacia el otro», aunque el
poemario tiene también claras referencias
sociales.
El ganador del premio de
traducción fue Manuel Forcano por Clavats a
la carn del món, del poeta israelí Yehuda
Amikhai. Forcano recordó la figura de
Amikhai y la importancia de éste en el
ámbito internacional, no en vano «ha sido
traducido a 35 idiomas, entre ellos el
árabe».
Antònia Vicens, presidenta balear
del AELC recordó a Rafael Jaume, a quien se
debe el nombre de Cavall Verd de los
premios. Jaume, poeta, tenía la librería
Cavall Verd, especializada en poesía,
ubicada en la Plaça den Coll. Este nombre,
decía siempre Rafael Jaume, se lo puso al
creer que había tantos lectores de poesía
como «cavalls verds».