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GASPAR SABATER
«Raus»
Uno de los eslóganes preferidos por la
izquierda militante era aquel de yankees go
home. No llegaba a Palma portaaviones de la
sexta flota que no contara con su
consiguiente manifestación de protesta.
Mucho más, y a ellas se sumaron luego
entusiásticamente los verdes, si se trataba
de un buque de propulsión nuclear. El
antiamericanismo visceral de algunos ha
sido pues una constante. Y aún hoy, a raíz
de la intervención americana en Afganistán,
se han vuelto a reproducir este tipo de
protestas si bien ahora, como novedad,
teñidas de un pacifismo clerical. Ocurre
sin embargo que estas algaradas nunca
cuentan ni han contado con mas de varios
centenares de personas lo cual indica
claramente que representan sólo una
posición muy minoritaria en esta
sociedad.Otro de los eslóganes
favoritos, en este caso por el nacionalismo
rampante, ha sido el de raus, para rechazar
la presencia masiva de alemanes en las
islas. Esta palabra, junto a otras lindezas
tipo nazis fora, ha podido verse
frecuentemente escrita en muros de la part
forana, alentada por un clima xenófobo
propiciado por los defensores de
determinadas purezas; lengua y cultura
entre ellas. Contra los yankees ya pueden
piar, trinar o rebuznar cuanto les plazca
que en nada van a lograr variar el rumbo de
un imperio que se ha convertido hoy,
finalizada la guerra fría y ganada una
tercera guerra mundial que no se ha
librado, en el gendarme del mundo. Ni
tampoco contra los alemanes que son hoy,
como nosotros mismos, ciudadanos europeos y
por tanto con derecho a afincarse donde más
les plazca de todo el territorio de la UE.
Pero ahora, vaya por donde, resulta que la
denostada presencia de alemanes en las
islas se encuentra en retroceso y la
realidad va a coincidir los deseos de sus
detractores. Sólo que las cosas están
sucediendo por unas causas sobre las que
aquí no tenemos arte ni parte. Como ocurre
con casi todo cuanto sucede y a remolque de
lo cual nos movemos, hagan lo que hagan y
digan lo que digan tanto los antiamericanos
como los antigermanos. Informaba
hace unos días este diario de que una
veintena de inmobiliarias alemanas
radicadas en Baleares van a tener que
cerrar sus puertas ante el desplome del
mercado germano, al tiempo que el mercado
inmobiliario en zonas turísticas, por
primera vez en años, está bajando, debido a
que muchas promociones, por sus elevados
precios, no están encontrando comprador,
confiando sólo en que el mercado británico
pueda librarnos del descalabro que parece
avecinarse. Las cosas están tomando, pues,
unos rumbos hasta hace poco insospechados y
pronto veremos cuáles van a ser sus
consecuencias reales. Lo que ha sucedido
durante los últimos años, con un sector de
la construcción y un mercado inmobiliario
ciertamente desbocados, producía efectos
distorsionantes sobre el necesario
equilibrio de nuestra economía. Y se
imponía probablemente buscar alguna
racionalización que evitara lo que ahora
parece que está a las puertas de suceder:
una recesión que va a causar graves
problemas a nuestra economía y de la que
podemos tardar varios años en poder salir.
Desde el sector publico podía haberse hecho
algo a su tiempo, pero cuando se decidieron
a actuar, lanzando las famosas moratorias,
lo hicieron tarde y mal, y en vez de
propiciar una suave desaceleración han
producido una parada en seco que puede
llegar a producir, en el peor de los casos,
hasta cincuenta mil parados. Inmersos,
pues, en una situación, derivada de las
moratorias, que ya se nos ofrecía
problemática —ahí esta una mayoría de
opiniones coincidentes sobre la gravedad
del presente momento económico— nos cae
encima la recesión del mercado alemán.
Estamos, pues, ante una crisis provocada y
otra sobrevenida. Quienes deseaban parar el
crecimiento y denostaban a su vez la masiva
presencia de compradores alemanes estarán
contentos. Pero ahora habrá que afrontar
ambas crisis. Y con esto parece que no
habían contado. Si a ello se suma una
recesión del mercado turístico, cuya
evolución resulta una incógnita, los dos
motores de nuestra economía, turismo y
construcción, se verán afectados. A ver
ahora, pues, quién torea y cómo, estos
miuras.
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