FERNANDO MERINO
PALMA.- Se cumplen cuatro años desde que Riki López decidió abandonar Palma para instalarse en las proximidades de Madrid y dar ‘el salto a la fama’. El primer fruto de aquella apuesta se ha materializado en un disco, El hombre más feliz del mundo, que estrena el catálogo de Gomaespuma Music. La discográfica se ha marcado como objetivo llegar a las 20.000 copias vendidas, y nada más salir ya ha superado la cifra de 9.000. No está mal. Fiel a su cita de Navidad con el público de Mallorca, Riki ha paseado su espectáculo por escenarios de Llumajor, Palma y Calvià.
- Los hay que presentan el disco como su primer álbum oficial, y se olvidan de que, para nosotros, no deja de ser un recopilatorio con alguna que otra novedad. ¿Cómo ve Riki López este disco?
- En efecto es uno más en mi discografía, pero con la diferencia de que está en las tiendas, bien distribuido, y tiene una promoción. Por tanto sí se puede decir que es el primer disco de puertas para fuera, aunque tú y yo sabemos bien que de puertas para dentro hay una cierta discografía detrás. He delegado en el productor lo normal en estos casos, y me he dedicado a mi trabajo que es hacer las canciones y cantarlas. A mí siempre me ha gustado más controlar la historia desde el fondo, y en este disco me siento como un empleado de la compañía.
- De todos modos, desde el momento en que le abre las puertas del mercado nacional, no deja de ser una buena noticia.
- El título ya lo dice: soy el hombre más feliz del mundo porque ésta era una posibilidad en la que había puesto parte de mis ilusiones, y por fin ha sucedido; ya es una realidad mi lanzamiento a través de un sello, y sería un miserable si no estuviese contento por ello. Además, imagínate cómo me siento al verme en las tiendas colocado por orden alfabético al lado de Riki ‘marqueting’ (Martin), y también me alegra saber que está vendiéndose muy bien por lo que me comenta la gente del sello.
- ¿En qué ha cambiado la vida de Riki López durante estos últimos años?
- Lo que ha ocurrido en todos estos años, imagino, es que he dejado de ser un ‘amateur’, aunque debo confesarte que no renuncio a sentirme siempre como tal, hasta el punto que si llega el día en que note que mi puesta en escena, lo que hago habitualmente sobre el escenario, resulta en exceso profesional, incluso podría renunciar a todo esto, porque quiero seguir siendo un ‘amateur’, siempre. Lo que no quita que ahora tenga muchas más tablas o que haya evolucionado un poquito. Pero el germen es el mismo. Al fin y al cabo mi historia es la misma del principio, y mis pretensiones tampoco van más allá de lo que es pagar los recibos de la luz, el agua y el teléfono, y sobrevivir haciendo lo que me gusta. Flipo con el hecho de poder vivir de ésto, incluso estar en situación de elegir lo que quiero, tener ofertas y poder decidir cuando antes decía sí a todo.
- A pesar de tratarse de una especie de recopilatorio, ha grabado los temas otra vez. ¿Cómo ha ido el trabajo con Julián Ruiz?
- Lógicamente ha habido sus más y sus menos, porque cuando se tiene un sólo punto de vista es normal que todo vaya sobre ruedas, y entonces ha sido preciso unificar criterios, y en algunos aspectos no ha habido más remedio que dar el brazo a torcer. Pero al final ha quedado algo que más o menos ha contentado a todos. La selección de las canciones la hicimos un poquito entre todos, y yo luché mucho por introducir algunos temas recientes precisamente para darle algo al público que ya tiene los discos anteriores. Aunque ha prevalecido el criterio de pensar en el mercado de la Península, donde se desconocía mi obra por completo. En todo caso es un disco que tiene forma, que me define tal como soy aunque me hubiese gustado que fuese un disco con canciones nuevas. Pero claro, uno debe tener paciencia porque éste es un disco casi de presentación de cara al ‘vello público’. Aún así he conseguido colocar Cambiaré, que es mi composición más reciente, y otras que no habían sido editadas como Virgencita de la barra o Hata nuncamundo cruel.
- Este va a ser el primero de unos álbumes comprometidos con el sello Gomaespuma. ¿Siguen siendo tres los pactados?
- De momento ya hemos superado la primera fase, porque Julián Ruiz no había trabajado antes con canción de humor, y yo tampoco es que sirva mucho para estar a las órdenes de nadie, y a pesar de las diferencias al final nació el ‘béibi’, que aquí lo tenemos. En efecto son tres álbumes a lo que nos comprometimos. Tampoco hay compromiso de cumplirlo: está firmado en un contrato, y al final veremos qué pasa. Ellos siempre dicen «vamos a lanzar a Riki López, y depende de cómo funcione el disco, ya veremos si lo lanzamos para un lado o para otro». No pasa nada. Estoy bien como estoy. Le doy más importancia al hecho de trabajar mi show, de rodarlo, de tener trabajo, y lo del disco es una cosa que está bien para tenerlo en casa, pero, vamos, mi producto principal es el espectáculo, y luego el disco es algo de regalo, no mi máxima prioridad.
- ¿Hasta qué punto la guitarra y tú seguís siendo el combinado ideal?
- Depende del lugar escénico. En Madrid hago una actuación al mes en la sala Galileo Galilei acompañado por cinco músicos. El espectáculo es el mismo, lo que pasa es que las canciones tienen mucho más peso. Aunque donde más disfruto realmente es acudiendo a sitios en solitario, en plan rollo acampada, con la gente alrededorcico y yo, con la guitarra, a gusto. Me parece una postura inteligente, si no necesaria, dosificar mis salidas, hacerse ver lo justo. Al principio actuaba allí donde me llamaban. Ahora me apetece, al menos en Madrid, tener un lugar como escaparate y luego ya tengo el resto de España para ir en plan chandal. Pero sigo haciendo baretos, cuidado, es mi rollo. Lo que pasa es que son más grandes y hay que pagar para entrar. Creo que sería un error echar a perder todo eso.
- Insiste mucho en que no es un músico estándar sino que utiliza la música como vehículo para comunicarse con el público...
- Siempre digo que es una música marchosa, porque uno la hace y la gente se marcha. Tengo muy claro que yo no soy músico, tampoco me siento como tal, y lo que hago es utilizar la música para transportar textos. Es lo que he hecho siempre, y me reafirmo en esa actitud. Mis músicos me llaman el hombre horizonte, porque tienen que ir persiguiéndome todo el rato. La verdad es que los músicos que llevo, aparte de ser excelentes profesionales, deben ser muy buenas personas... para poder aguantarme. Alex Maldonado, mi guitarrista, es de quien dependo para todo: él es el encargado de traducir a los demás mis ideas, porque ya te digo que no tengo las palabras técnicas necesarias para explicar lo que quiero.
- En estos años de rodaje por la Península, ¿cómo ha ido variando el espectáculo?
- Antes de salir al escenario me hago una pequeña escaleta de lo que voy a hacer, luego no la respeto nunca, pero lo intento. Lo que sí ha cambiado mucho son las introducciones de las canciones, que se han convertido en monólogos a base de ir diciendo cosas, y jugar partidos encima del escenario.Y cada vez me da tiempo a cantar menos canciones, hasta el punto de que va convirtiéndose más en un espectáculo de humor que de música. El secretillo para que parezca que siempre te lo estás inventando es que los textos no los llevo escritos: son flipadas mentales, cosas que se me ocurren y voy incorporando. Eso hace que quede fresquito. Es una estructura que se parece mucho a mi personalidad: no hay un orden, ni nada que se le parezca.