ANTÒNIA ARTIGUES—¿Qué le ha llevado a
presentarse a decano, «a complicarse la
vida» ahora?
—Porque ahora creo que es el
momento. Hace diez o quince años, ni por
todo el oro del mundo hubiese podido porque
entiendo que ser decano exige un ser y un
estar; estar dispuesto para, en todo
momento, poder representar al Colegio y, la
verdad, antes no tenía tiempo. Además, yo
soy un enamorado de la profesión, tanto que
mis cuatro hijos se han contagiado de ese
entusiasmo que han vivido día a día en su
casa y son también abogados. Creo que ahora
que dispongo de más tiempo puedo ponerlo al
servicio de la profesión.
— Usted es un
abogado veterano y, sin embargo, en su
candidatura le acompañan jóvenes abogados,
¿por qué esa combinación?
— Creo que para
mayor ya basto yo... Más en serio, yo puedo
aportar la experiencia, quizás el prestigio
que dan muchos años de carrera, pero lo que
yo creo que lo que le falta al Colegio de
Abogados es «gente de juzgado», gente que
pisa a diario los juzgados, que sabe,
porque los vive, de los problemas de
funcionamiento de los juzgados, de las
dificultades del turno de oficio...
—¿Qué le falta al Colegio que usted vaya
a darle?
— Al colegio le falta vida y
eficacia. Yo creo, y lo pensamos todos los
integrantes de la candidatura, que es
evidente que es preciso un cambio
endogámico. Todos los colegiados deberíamos
pasar por el colegio, y no es que yo tenga
queja alguna de los actuales miembros, pero
si se va renovando la gente, se imprime más
ilusión y energía, con nuevos retos. Es
como quien entra en una casa que acaba de
comprar, aunque sea perfecta, uno siempre
llevará a cabo cambios: pintará las
paredes, las puertas... Sin embargo, si uno
vive siempre en la misma casa, se
acostumbra a tener los mismos cuadros
colgados en la misma pared durante años...
Nuestra idea, y así lo incluimos en el
programa, es que la gente sólo pueda estar
dos mandatos consecutivos en la junta, de
manera que puedan ir pasando muchos
colegiados por la junta.
Para mejorar la
eficacia del colegio o es también
importante asumir una reorganización del
mismo, con formación de comisiones
especializadas por materias, establecer
mejores sistemas de servicios de
documentación y establecer canales activos
de participación para los abogados de
Menorca, Eivissa y las delegaciones.
—A
nadie se le escapa que uno de los
principales problemas en la abogacía es la
dificultad de los jóvenes para abrirse
camino, aunque sea como pasantes.
—Es
evidente. No puede ser, por ejemplo, que el
abogado joven tenga que pagar para
consultar jurisprudencia. Debe abrirse al
máximo la función del colegio como centro
de información y formación para el
abogado... no hay que olvidar que el que
busca jurisprudencia, el que se documenta,
es el buen abogado.
Yo he sido profesor
de la Escuela de Práctica Jurídica-por
tanto, la conozco- y es evidente que es muy
positiva, pero debe incluirse un aspecto
que, a mi entender, es trascendente:
procurar a los abogados en formación que
puedan rotar por los bufetes especializados
en las distintas disciplinas jurídicas. Yo
personalmente ya he contactado con algunos
despachos porque hay que comprometerse a
enseñar a los más jóvenes a ser
abogados.
—¿Cuánto tiempo tarda un recién
licenciado en «aprender» a ser
abogado?
—Yo pienso que necesita otros
cinco años y, por ello, es precisa la
implicación de los abogados con experiencia
en su formación.
—Pero los abogados
jóvenes también necesitan «sobrevivir» y el
turno de oficio a veces es más una carga
que una solución...
—Nuestra candidatura,
al estar integrada por jóvenes, tiene muy
presentes esos problemas y, en este
sentido, propugnamos una mayor
participación y una mejor retribución del
turno de oficio y establecer un sistema de
ayudas para la financiación de proyectos de
apertura de despachos.
—¿Qué función
debe tener el Colegio de Abogados en la
sociedad balear?
—Hoy por hoy, el
Colegio de Abogados no cuenta para nada, ni
en la sociedad, y lo que es peor, ni en la
inmensa mayoría de los colegiados. Son
muchos quienes ven en el colegio un lobby
de unos cuantos cuando lo que yo creo es
que el colegio, con todos sus colegiados,
debería ser un grupo con voz cualificada y
activa en la sociedad, que emitiera sus
opiniones y valoraciones ligadas a las
cuestiones de actualidad que afecten al
derecho y especialmente en el debate de los
proyectos de ley de interés general.