LORENZO MARINAPALMA.- Un espectacular
dispositivo policial cercó ayer el
narcotráfico en Son Banya. El conflictivo
asentamiento se vio completamente asediado
por ingentes policías llegados por
doquier.
Los habitantes del poblado
apenas consiguieron salir de su
estupefacción. Sobre las 14.00 horas, más
de un centenar de agentes del Cuerpo
Nacional de Policía irrumpieron en Son
Banya y acordonaron sus calles. Agentes de
la Unidad de Intervención Policíal (UIP)
lucían su nueva indumentaria, acorazados al
más puro estilo Robocop. Su sola presencia
acalló cualquier conato de
resistencia.
Joyas, armas, cocaína y
heroína fueron halladas en las
infraviviendas. El dispositivo policial
dio, asimismo, un balance de 18 detenidos.
En su mayoría por un presunto delito de
tráfico de drogas.
La entrada al poblado
presentaba un aspecto notoriamente distinto
al habitual. El supermercado de la droga de
Palma había echado el cierre al negocio de
improviso. Con las manos contra la pared
algunos de los detenidos esperaban, por
fin, la orden para ser subidos al furgón
policial.
El titular del Juzgado de
Instrucción número 3 de Palma, José Castro
y el fiscal antidroga, Tomeu Barceló,
siguieron estrechamente los movimientos de
la Brigada de Policía Judicial de la
Jefatura de Baleares, personada en pleno en
Son Banya.
Un total de 10 perros
especializados en la detección de droga se
desplazaron expresamente desde Madrid para
cumplir con este operativo. Las razas más
variopintas tenían un nexo común: un
agudizado sentido del olfato, especialmente
en todo lo tocante a drogas. Así, frente a
un enorme Rottweiller un pequeño e inquieto
Foxterrier escudriñaban los escondrijos
donde podía ocultarse la droga.
El juez
Castro fue el encargado de supervisar in
situ los 10 registros domiciliarios. «He
ordenado hacer este registro porque pienso
que en esta casa puede haber algún tipo de
sustancia estupefaciente», comunicó el
magistrado a una de las moradoras de las
infraviviendas más sospechosas de Son
Banya.
No sólo las viviendas fueron
objeto de inspección. Algunas furgonetas
abandonadas, habilitadas como vivienda por
algunos toxicómanos también fueron
registradas. Al carecer de testigos, el
juez sólo encontró una única idea.
Solicitar a la prensa su presencia, en
calidad de testigo, en los
registros.
Algunos de los
narcotraficantes del poblado tuvieron los
reflejos suficientes para conseguir que la
mercancía se esfumara como por arte de
magia. A pesar de no encontrarse droga en
algunos domicilios había algunas muestras
evidentes de la principal función de
algunas infraviviendas: una puerta blindada
en los aseos, un estrecho ventanuco por el
que se veía quién era el que
llegaba...
Radiocassettes de automóvil,
reproductores de CD, dos descodificadores
de televisión digital, consolas de
videojuegos o teléfonos móviles escondidos
en los cajones de la vivienda, dejaban a
las claras que los negocios de los
moradores de las viviendas no eran
precisamente lícitos. También fueron
intervenidos algunos escáneres con los que
los traficantes pueden escuchar la
frecuencia de la policía y anticiparse a
algunos de sus movimientos.
Mientras
tanto, los vecinos de enfrente suspiraban
aliviados porque sus viviendas no habían
sido registrados. En la puerta de estas
casuchas estaban estacionados una serie de
deslumbrantres coches que harían las
delicias del más exigente salón del
automóvil.
El férreo dispositivo
policial, con un helicóptero sobrevolando
continuamente el asentamiento, no dio lugar
al menor resquicio para una revuelta, tal y
como ocurrió en un par de ocasiones
anteriores. Más de un centenar de agentes,
unos 120, participaron en este
operativo.
Sólo se registró un mínimo
incidente. Uno de los moradores de una de
las viviendas lanzó un plato cuando vio
irrumpir en su domicilio todo un batallón
de policías.
La Unidad de Drogas y Crimen
Organizado (Udyco), especialmente el Grupo
de Estupefacientes, llevó el peso de la
operación secundada por agentes de la
Unidad de Delitos Especializados y
Violentos (UDEV). También realizaron
numerosas diligencias la Policía Científica
y la Policía de Proximidad.
Varios clanes
afectados
Los detenidos, esposados, y
masivamente custodiados fueron conducidos
poco a poco camino del furgón policial. Al
parecer, varios clanes del poblado han sido
desmantelados, al menos en parte.
A pesar
del ingente despliegue policial desplazado,
los policías apostados en el acceso al
asentamiento advertían al periodista que
osaba adentrarse al iniciarse el operativo:
«Usted entra bajo su responsabilidad. No
podemos garantizarle su seguridad».